El avance de los hutíes hacia Bab el-Mandeb está transformando Yemen, de un campo de batalla periférico a uno de los frentes más importantes de la guerra entre Estados Unidos e Irán.
Durante los últimos siete meses de este año, la guerra de Estados Unidos contra Irán se ha centrado en el Golfo Pérsico y la capacidad de Irán para interrumpir el tránsito de energía y el comercio marítimo a través del Estrecho de Ormuz. La influencia de Teherán sobre el estrecho ha puesto de manifiesto su papel indispensable en la seguridad económica mundial. Sin embargo, surge otro foco de tensión a casi dos mil kilómetros de distancia, en el extremo opuesto de la Península Arábiga.
En los últimos días, los hutíes de Yemen (también conocidos como el grupo Ansar Allah) han avanzado rápidamente hacia el sur a lo largo de la costa yemení del Mar Rojo. El 10 de septiembre de 2026, el grupo tomó el puerto de Mokha. Continuaron su avance hacia Dhubab y, según los últimos informes, se han apoderado de la isla de Perim, ubicada en medio del estrecho de Bab el-Mandeb. También han ocupado las islas del archipiélago de Hanish, al norte.
Estas recientes conquistas territoriales son significativas, ya que permitirán al grupo imponer mayores costos al comercio marítimo a través del estrecho. El control de los territorios cercanos a Bab el-Mandeb aumenta las opciones de vigilancia del grupo, al tiempo que sitúa armamento de corto alcance, artillería, drones, misiles y lanchas rápidas de ataque más cerca del punto estratégico marítimo. El control de la isla de Perim es crucial, pues se encuentra en el centro del estrecho, lo que le permite un mayor alcance sobre las rutas de acceso.
Arabia Saudita en Oriente Medio
Ningún país debería estar más preocupado por este acontecimiento que Arabia Saudita. Se encuentra entre el estrecho de Bab el-Mandeb al oeste y el estrecho de Ormuz al este. Riad ha podido protegerse durante mucho tiempo de las interrupciones marítimas en Ormuz gracias a su oleoducto Este-Oeste, que le permite transportar petróleo producido cerca del Golfo Pérsico a través del territorio saudí hasta las instalaciones de exportación en el Mar Rojo (véase el mapa superior). Sin embargo, esta estrategia depende de garantizar un acceso seguro desde el Mar Rojo al Océano Índico a través del estrecho de Bab el-Mandeb.
Los hutíes amenazan ahora esta parte de la ruta de tránsito, lo que genera una notable presión estratégica. La presión de Irán en el estrecho de Ormuz amenaza la estratégica salida oriental de Riad. Ahora, el poder hutí en torno a Bab el-Mandeb amenaza la ruta occidental. Además, Arabia Saudita ha afirmado que el oleoducto Este-Oeste fue atacado con drones lanzados desde Irak, lo que obligó a las autoridades a cerrarlo.
No debería sorprender que el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman haya instado al presidente estadounidense Donald Trump a ordenar ataques militares contra los hutíes. Trump rechazó la petición, pero está por verse cuánto tiempo podrá resistir la presión saudí e interna para que actúe. Por lo tanto, Riad se enfrenta a una difícil disyuntiva. Tomar represalias militares contra los hutíes conlleva el riesgo de arrastrar a Arabia Saudí de nuevo a una guerra que consumió enormes recursos sin derrotar al grupo. Sin embargo, permitirles consolidar su posición crea un poderoso movimiento armado en el suroeste del Reino que podría amenazar el territorio saudí y el comercio marítimo.
Una tercera opción de conciliación podría volverse cada vez más atractiva. Aquí reside una de las consecuencias más importantes para Estados Unidos. Ni los hutíes necesitan conquistar Arabia Saudí, ni Irán necesita derrotar al ejército saudí. Solo necesitan encarecer lo suficiente la participación de Arabia Saudí en la estrategia regional de Washington, de modo que Riad prefiera cada vez más la neutralidad, la cautela y la conciliación.
El problema de la desviación estratégica de Estados Unidos
Estados Unidos se enfrenta a un dilema cada vez mayor. Si el presidente Trump se niega a contener el avance hutí, el grupo seguirá consolidando posiciones en torno a este punto estratégico clave. Si finalmente inicia otra gran campaña militar contra ellos, corre el riesgo de extender una guerra regional ya de por sí costosa, un hecho que favorecería la estrategia general de Irán. Si empuja a Arabia Saudí de nuevo a una costosa guerra con Yemen, corre el riesgo de desestabilizar a un socio regional crucial. Si intenta usar la fuerza militar para debilitar las capacidades hutíes en Bab el-Mandeb, terminará asumiendo la responsabilidad de dos enormes zonas marítimas. Intentar abrir el estrecho de Ormuz ha resultado extremadamente difícil y costoso para el ejército estadounidense.
En lugar de una intervención militar directa, los medios de comunicación indican que Washington ha optado por brindar apoyo de inteligencia a Riad por el momento. Esto es comprensible. Las reservas de municiones estadounidenses son críticamente bajas y sus limitados recursos aéreos y navales están al límite. El resultado es un problema de distracción estratégica para Estados Unidos. A medida que Irán y sus aliados expanden el campo de batalla abriendo nuevos frentes, Washington se ve obligado a distribuir sus limitados recursos de forma aún más dispersa. Este podría ser el resultado más significativo del avance hutí. Por lo tanto, la batalla por la costa del Mar Rojo no es solo un capítulo más en la prolongada guerra civil de Yemen, sino una contienda estratégica más amplia por el control geográfico de Oriente Medio.
Kautilya y el multiplicador del poder
Aquí es donde el Arthashastra de Kautilya refuerza un principio importante. El arte de gobernar implica manipular la geografía, las alianzas, los intereses económicos, las divisiones internas y las relaciones entre los estados vecinos. Un rey más débil no tiene por qué enfrentarse a un rey más fuerte en condiciones favorables a este último. En cambio, el rey más débil puede modificar el entorno estratégico en el que opera el rey más fuerte, imponiendo así mayores costos a su poder.
En ese sentido, Irán y sus aliados están generando efectos estratégicos desproporcionados a los recursos que Teherán debe invertir para hacer frente al poderío estadounidense y convertir la geografía misma en un instrumento de coerción. Estados Unidos se ve cada vez más obligado a luchar no solo contra un adversario, sino también contra un panorama estratégico cada vez más desfavorable.
Kautilya The Contemplator
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