El mundo se enfrenta a dos grandes frentes de guerra, ambos en expansión y con el riesgo de descontrolarse.
Ucrania es el instrumento de Washington en la guerra de Occidente contra Rusia, una guerra que se ha extendido profundamente dentro de Rusia, lejos del frente del Donbás. Países de la OTAN como Alemania y Gran Bretaña participan abiertamente en el conflicto contra Rusia, al igual que Estados Unidos. Alemania y Gran Bretaña fabrican los drones de largo alcance que Ucrania utiliza con el sistema de puntería de Washington para atacar la producción petrolera rusa, las refinerías de petróleo y los depósitos de energía dentro de Rusia, así como aeropuertos, viviendas civiles, escuelas infantiles y turistas. El presidente ruso se niega a reconocer estos ataques como ataques de guerra y los califica de "acciones terroristas". Putin finge que el conflicto es simplemente una "operación militar especial" confinada a Ucrania en el Donbás.
La “Operación Militar Especial” se ha prolongado durante cuatro años y medio, periodo en el que dos países más se han unido a la OTAN y se han alineado contra Rusia. Varios miembros de la OTAN han modificado sus políticas y han manifestado su disposición a albergar armas nucleares de Washington en su territorio, en la frontera con Rusia. Los países de la OTAN hablan abiertamente de prepararse para una guerra contra Rusia en tres años.
Todos los sistemas de armas que Washington y los miembros de la OTAN aseguraron que no se enviarían, fueron enviados a Ucrania. Las conversaciones de paz entre Rusia y Trump no llegaron a buen puerto, pero Putin aún cree en ellas. Zelensky ahora amenaza con bloquear el espacio aéreo ruso a los vuelos comerciales mediante drones alemanes y británicos. Rusia lucha contra Ucrania, un aliado de Occidente, no contra su enemigo occidental. Ucrania participa en el conflicto únicamente gracias al apoyo y la instigación de Occidente.
Obviamente, Rusia se encuentra en un conflicto existencial. Hay un límite a cuánto tiempo puede Rusia negar la realidad, y cuando ese límite se alcance, es probable que Rusia se vea acorralada, en cuyo caso recurrirá a sus armas nucleares.
En Oriente Medio, Irán no se enfrenta al enemigo de Irán, sino al aliado —Washington— del enemigo de Irán —Israel—.
Así pues, tenemos dos guerras en las que quienes sufren las consecuencias son los aliados, no los instigadores. Dado que esto beneficia a los instigadores, ya que no asumen ningún coste, los conflictos pueden prolongarse hasta volverse incontrolables.
Ante nosotros se manifiesta el enorme autoengaño de Rusia e Irán. Rusia lucha contra Ucrania, antigua parte de Rusia, no contra Washington ni la OTAN. Irán lucha contra Washington, no contra Israel, cuyo títere es Washington.
Así pues, tenemos dos países bajo ataque, ninguno de los cuales se enfrenta a su verdadero enemigo. Es el escenario perfecto para que la situación se descontrole.
Dicho esto, pregúntese ahora por qué Estados Unidos está en guerra con Irán. Sabemos por qué Washington está en guerra con Rusia. Rusia es una potencia emergente que limita la hegemonía de Washington en el mundo y, por lo tanto, se interpone en su camino. La doctrina de política exterior estadounidense —la Doctrina Wolfowitz— establece que el objetivo principal de la política de Estados Unidos es impedir el ascenso de cualquier país que pueda frenar el unilateralismo de Washington.
Rusia y China son, obviamente, potencias mundiales, pero ¿por qué la preocupación hegemónica de Washington por Irán, que no lo es?
La respuesta es que Irán se interpone en el camino de la Agenda Sionista Israelí del Gran Israel, que define el territorio del Estado israelí desde el Nilo hasta Pakistán.
Durante todo el siglo XXI, Washington ha luchado por el Gran Israel. Ese fue el propósito del 11-S, una orquestación interna de los neoconservadores sionistas estadounidenses para crear el «nuevo Pearl Harbor» necesario para los ataques de Washington en el siglo XXI, que no han destruido los «siete países en cinco años» especificados, sino tres de ellos —Irak, Libia y Siria— en 25 años, con el ataque actual contra Irán en curso. Eso sí que es mucha lucha por Israel.
Lo que he presentado es la verdad. Pero en Estados Unidos y Europa Occidental no se produce ni es posible ningún tipo de debate ni toma de conciencia de esta verdad. El poderoso lobby israelí ha tachado de antisemita toda verdad que sea desfavorable a la expansión israelí. Salvo que estén jubilados, ningún profesor, ningún analista de política exterior, ningún funcionario gubernamental ni ningún estudiante puede sobrevivir a ser tildado de antisemita. El poder de las auto justificaciones israelíes para las guerras y el genocidio es extraordinario. En Israel solo hay 7,7 millones de judíos; sin embargo, controlan el debate sobre la violencia de la que ellos mismos son responsables.
Paul Craig Roberts
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