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Le blog de Contra información


Reflexiones metafísicas sobre el estrecho de Ormuz

Publié par Contra información sur 31 Mai 2026, 16:47pm

Reflexiones metafísicas sobre el estrecho de Ormuz

El estrecho de Ormuz, por su naturaleza orgánica, es una vía fluvial que conecta dos masas de agua y está rodeado de tierra a ambos lados. En los últimos meses, este estrecho se ha transformado de una simple ruta en un símbolo de la lucha histórica entre la tierra y el mar, y del enfrentamiento entre la telurocracia y la talasocracia. En un nivel más profundo, el conflicto tierra-mar, que los teóricos geopolíticos han denominado el motor de la historia mundial y el eje de los desarrollos político-militares, tiene una raíz metafísica: la tierra encarna la estabilidad, las fronteras fijas, la soberanía tradicional basada en el territorio y la espiritualidad, la autoridad centralizada, las jerarquías cualitativas y una identidad colectiva arraigada en la ascendencia; mientras que el mar encarna la fluctuación, la ausencia de fronteras, la indeterminación, el cosmopolitismo monetario y la globalización sin límites. En términos ontológicos, el mar es la manifestación del "Devenir" y la modernidad, mientras que la tierra es la manifestación del "Ser" y la tradición.

Carl Schmitt, en Tierra y mar (1942) y El nomos de la tierra (1950), concibe la historia mundial como la narrativa de una lucha entre dos elementos: el nomos de la tierra divide el territorio en parcelas diferenciadas y jerarquías tradicionales; el nomos del mar elimina toda frontera y reconoce únicamente la economía de libre mercado y las relaciones económicas horizontales. Dentro del marco teórico de Carl Schmitt y Alexander Dugin, la telurocracia no es meramente un sistema político, sino un espíritu colectivo: lealtad a la tierra, continuidad intergeneracional, territorialismo sagrado, economía autosuficiente y defensa de la integridad territorial. En contraste, la talasocracia representa un espíritu globalista, desprovisto de identidad nacional y marcado por un individualismo atomizado. El choque de estos dos nomos ha sido el motor de las grandes guerras de la historia: desde el enfrentamiento entre Atenas y Esparta hasta la rivalidad entre el Imperio británico y el Imperio ruso, y el enfrentamiento de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos. En la tradición geopolítica, desde Mackinder hasta Spykman, el mundo se divide en dos grandes alianzas: una alianza continental que abarca desde Rusia hasta Irán y China, basada en la continuidad territorial y la tradición oriental, frente a una alianza occidental centrada en los océanos, como la OTAN, cuyo centro es Estados Unidos.

A diferencia de la maquinaria bélica deslocalizada del imperialismo occidental, construida sobre el dominio técnico del espacio, que considera la naturaleza y el mundo como objetos consumibles, Irán ha diseñado su estrategia de combate para que tenga una unidad orgánica con la geometría de las montañas y las rutas intransitables; la sorpresa del enemigo surge no solo del alcance o la cantidad de armas, sino de una lógica de diseño arraigada en lo autóctono. En contraste, Estados Unidos e Israel, carentes de autóctonos e historicidad, siempre han respondido a la guerra contra la geografía autóctona únicamente con la dominación tecnológica y la destrucción del lugar y la naturaleza, un reflejo de la Gestell de Heidegger y el Reinado de la Cantidad de René Guénon: el reinado total de la técnica y la racionalidad instrumental, que reduce la tierra a un recurso para usar y luego desechar. Schmitt, en Teoría del Partisano (1963), identifica la cualidad telúrica como el rasgo distintivo del combatiente autóctono frente a las fuerzas deslocalizadas: el combatiente con esta cualidad es un auténtico defensor de un lugar específico y extrae un poder invencible del vínculo con la tierra.

Por otro lado, desde una perspectiva histórica, geográfica y metafísica, a diferencia de algunos países continentales que se han convertido en territorios sin litoral, Irán se comporta de una manera que, por un lado, ni niega el mar ni le otorga una autenticidad absoluta; y por otro, concibe el «devenir» como un movimiento ascendente que, en la interpretación de Julius Evola, posee una cualidad olímpica y heroica ligada a la guerra. En la guerra actual, basándose precisamente en esta cualidad, Irán ha gestionado el estrecho de Ormuz: a veces lo abre (para exportaciones de petróleo e importaciones de mercancías), a veces lo cierra (para presionar al enemigo), pero no somete esta apertura y cierre a las cambiantes reglas de las potencias marítimas; más bien, lo vincula a su propia tradición autóctona. Schmitt, en El concepto de lo político (1932), subraya que todo orden político debe poseer la capacidad de «tomar una decisión sobre la excepción». El estrecho de Ormuz es un claro ejemplo de esta regla.

La relación de contracción y expansión en esta tradición se define no sobre la base de la variable, sino sobre la base del Ser y la constante; todo cambio es siempre significativo en relación con un centro eterno e inmutable (el motor inmóvil en la filosofía antigua). Desde la perspectiva de la geografía física, la meseta central de Irán no es una tierra sin salida al mar; dada su geografía, tiene un mar, pero nunca le ha otorgado autenticidad absoluta. Esta condición geográfica está vinculada con la tradición filosófica de Irán, de tal manera que en la filosofía islámica —especialmente en la visión de Mullā Sadrā— el Devenir no se niega, sino que forma parte de la existencia; sin embargo, esta fluidez nunca conduce a una ruptura del origen, porque este «movimiento transustancial» ( al-ḥarakat al-jawhariyyah ) expresa la unidad dentro de la multiplicidad jerárquica. Todo cambio es siempre significativo en relación con un centro eterno e inmutable, y el «Devenir» sirve a la estabilidad y la tradición.

Ahora, en el estrecho de Ormuz, este fundamento metafísico se hace claramente visible: Irán, apoyándose en su posición geográfica fija —una manifestación del «Ser»—, ha logrado convertir la economía global marítima (característica de Estados Unidos y las coaliciones centradas en el océano) en una herramienta para limitar ese mismo poder. Este es precisamente el arte sublime de usar el «Devenir contra el Devenir» —en un sentido evoliano, una especie de «dominar al tigre»— para preservar su Ser arraigado en el lugar y en la historia.

Mohammad Taha Jahandideh

multipolarpress

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