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Le blog de Contra información


¿La IA será gobernada o nos gobernará a nosotros?

Publié par Contra información sur 29 Novembre 2025, 19:48pm

¿La IA será gobernada o nos gobernará a nosotros?

En julio de 2025, el Senado votó 99 a 1 a favor de preservar la autoridad estatal sobre la regulación de la IA, pero la presión de Washington por un control centralizado no se ha detenido. Mientras el Congreso debate leyes sobre IA y las escuelas prueban discretamente herramientas de "monitoreo emocional" basadas en IA en estudiantes, una pregunta se impone:

¿Los ciudadanos seguirán gobernarse a sí mismos o serán gobernados por algoritmos?

La regulación de la IA no es sólo legislación: es la prueba de si el juicio humano y la soberanía estatal pueden sobrevivir a la automatización.

Esto no es teórico: los sistemas de IA ya dan forma a lo que vemos en línea, a lo que se puede decir en las principales plataformas, a lo que podemos comprar y, cada vez más, a cómo pensamos, a menudo sin que nos demos cuenta.

El marco de control tecnocrático ya está establecido, abarcando, entre otros, la ortodoxia climáticala economía de la deuda y las Monedas Digitales de los Bancos Centrales (CBDC). El debate sobre las CBDC ya ha suscitado inquietudes sobre el dinero programable y el control centralizado. Pero hoy, la frontera de la gobernanza se ha trasladado hacia el interior, al ámbito del pensamiento y el juicio.

La IA como administración

El peligro no es que la IA se humanice, sino que los humanos se vuelvan como máquinas. La IA ya realiza el trabajo que antes pertenecía al juicio humano. Las herramientas modernas de moderación impulsadas por IA ahora filtran enormes volúmenes de contenido generado por los usuarios en tiempo real, lo que permite a las plataformas marcar o suprimir publicaciones casi instantáneamente después de su publicación. Las consultas de investigación pueden ser reclasificadas o eliminadas, no por los editores, sino por sistemas automatizados . Esto no es innovación. Es la automatización del control.

En las principales plataformas, el etiquetado oculto reduce discretamente la visibilidad de ciertas publicaciones; no las elimina, sino que garantiza que casi nadie las vea. El contenido permanece en línea, pero se borra de la vista pública. Jigsaw de Google, una herramienta de moderación de código abierto diseñada para ayudar a las plataformas a filtrar contenido extremista o prohibido, ha probado sistemas que escanean el contenido mientras se escribe y advierten a los usuarios si podría infringir las directrices recomendadas. Otras herramientas pueden bajar la clasificación o marcar automáticamente dicho contenido en el momento de su publicación, impidiendo que llegue a un público normal. Esto no es un juicio editorial, sino una precensura automatizada.

Ya: 
• La búsqueda de IA de Google suprime el contenido disidente, incluyendo la investigación médica y climática, una 
tendencia documentada desde al menos 2010, cuando se registraron más de 151.000 solicitudes de eliminación de contenido. 
• Los gobiernos ahora usan herramientas de IA para
 
refinar la censura en línea.
• Las empresas de RR. HH. prueban el "análisis de sentimientos" de IA para detectar el cumplimiento de los empleados. 
• Las escuelas probaron 
el seguimiento emocional de IA durante la COVID; algunas ahora usan el reconocimiento facial para el monitoreo del comportamiento. 
• Las propuestas de moneda digital del banco central discuten "
dinero programable ": permisos de gasto aplicados por código.

Presencié esta supresión de primera mano. Cuando le hice preguntas inquisitivas a la IA sobre las afirmaciones climáticas de la ONU, se negó a mencionar el trabajo de los científicos que cuestionaban la narrativa, no porque su investigación estuviera refutada, sino porque no se ajustaba a lo que el sistema denominaba "consenso científico". La respuesta fue contundente: "No puedo proporcionar contenido que cuestione el consenso científico". La IA no debatió, sino que filtró. Eso no es inteligencia; es administración.

Y la administración siempre plantea la pregunta política más antigua: 
¿quién define el “consenso” y quién se beneficia al implementarlo?

La ambición tecnocrática

El poder se está trasladando de la política a la programación, y los principales actores no están ocultos: 
• El 
Foro Económico Mundial ha pedido públicamente una gobernanza global de la IA y la coordinación entre las naciones. 
• La 
ONU ha lanzado iniciativas para tratar la gobernanza de la IA como parte de las políticas globales de desarrollo sostenible. 
• La propia 
Reserva Federal ha reconocido el uso interno de herramientas basadas en IA, y los bancos centrales, incluidos los coordinados por el BPI, están evaluando la IA para la gestión del sistema financiero, lo que aumenta las perspectivas de una moneda gestionada por IA y dinero programable.

Estas no son teorías. Son propuestas políticas, redactadas en documentos oficiales.

La cuestión constitucional

El debate sobre la IA ya no es solo técnico, sino constitucional. Dentro del Partido Republicano ha surgido la preocupación de que las agencias federales intenten restarle autoridad a los estados. Algunos legisladores republicanos se opusieron a una moratoria sobre las leyes estatales de IA, argumentando que Washington no debería decidir cómo cada estado debe regular la tecnología.

En julio de 2025, el Senado votó 99 a 1 a favor de anular la prohibición de diez años de la regulación de la IA a nivel estatal. Esa votación no significó un rechazo a las leyes de IA, sino un rechazo a la idea de que Washington pudiera prohibir a los estados redactar las suyas propias. Fue una defensa del federalismo.

Pero la presión por la centralización no cesó. En noviembre de 2025, los líderes de la Cámara de Representantes intentaron incorporar la preeminencia de la IA a la Ley de Autorización de Defensa Nacional, enmarcando la IA como un asunto de seguridad federal. Algunos líderes republicanos manifestaron su apoyo, alegando preocupación por las "onduladoras regulaciones estatales".

Esto plantea una pregunta más antigua que la propia tecnología: ¿Quién debería decidir las políticas, las agencias de Washington, o los estados y el pueblo, como afirma la Décima Enmienda? La batalla por la IA se está convirtiendo rápidamente en una prueba para la soberanía estatal y para determinar si la automatización gubernamental avanza sin el consentimiento público.

Lo que la IA no puede hacer

La IA puede procesar datos, pero solo los humanos perciben su significado. Puede medir una puesta de sol, pero no puede experimentar la belleza. Puede detectar patrones, pero no le importa.

La visión tecnocrática reduce la mente a circuitos y la conciencia a software. Pero el juicio no es cálculo, es responsabilidad. Y cuando la responsabilidad se externaliza a algoritmos, la libertad deja de sentirse como un derecho y empieza a sentirse como una incomodidad. Es entonces cuando empezamos a escuchar la frase más peligrosa de todas: «Que el código decida».

La facultad en juego

Lo que más amenaza la IA es la facultad humana que ha sustentado las civilizaciones libres: el discernimiento. La IA ofrece comodidad, pero la comodidad puede convertirse en un consentimiento silencioso al control.

El discernimiento separa la verdad de la ilusión y el consentimiento de la coerción. Si los ciudadanos ya no son autores de sus propios pensamientos, la libertad política no desaparecerá por la fuerza, sino por la automatización.

La verdadera pregunta

La IA ya influye en cómo hablamos, investigamos, compramos e incluso pensamos. La pregunta ya no es qué puede hacer la IA, sino qué dejaremos de hacer por nosotros mismos.

La tecnología puede procesar datos, pero no puede juzgar su significado. Puede predecir el comportamiento, pero no puede comprender el propósito. Esto sigue siendo responsabilidad de la persona humana y el fundamento de una sociedad libre.

Lo que requiere la libertad

La solución no es sólo política: es carácter.

Para permanecer libres, debemos: 
• Elegir la atención por encima de la adicción. 
• Mantener vivo el derecho a cuestionar. 
• Proteger la realidad de las ilusiones artificiales.

La libertad depende del discernimiento. Puede que no se tome la República, pero ¿corre el riesgo de ser automatizada?

Si entregamos el juicio a los algoritmos, podremos conservar el lenguaje de la libertad, pero no su sustancia.

Una máquina puede procesar datos, pero sólo un alma puede defender la libertad.

Mark Keenan

markgerardkeenan

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