Ilustración simbólica que representa a una fila de israelíes abandonando el país con su equipaje, evocando el aumento de la emigración ("yeridá") desde 2019.
Nota del T. - Desde el inicio de su proyecto de colonización de poblamiento a comienzos del siglo XX, el movimiento sionista tuvo un gran problema: encontrar el «material humano». La inmensa mayoría de los judíos de Europa Central y Oriental soñaban más con las Américas que con Palestina. El reclutamiento de candidatos entre los supervivientes de la Shoá resultó tan difícil que finalmente se recurrió a los judíos de Irak, Marruecos, Yemen y Egipto, a quienes los sionistas europeos consideraban un «material de segunda categoría». La caída de la URSS fue una auténtica bendición: 879.000 «judíos» hicieron su aliyá entre 1990 y 1998. La guerra de Ucrania también provocó una aliyá de 75.000 personas (80 % procedentes de Rusia y 20 % de Ucrania). Pero desde 2019, la yeridá («descenso», emigración fuera de Israel) supera a la aliyá. Si 230.000 israelíes abandonaron la Tierra Prometida entre 1990 y 2005, 430.000 lo hicieron entre 2009 y 2021. Y la tendencia no ha hecho más que reforzarse desde 2023. A continuación se presentan las cifras más recientes.
Alrededor de 90.000 israelíes abandonaron el país durante al menos tres meses en 2025, frente a un promedio anual de unos 60.000 antes de 2023. Los investigadores advierten de que el aumento de la emigración podría acabar amenazando la seguridad y la economía de Israel.
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La emigración desde Israel continúa a un ritmo acelerado: unos 90.000 israelíes abandonaron el país en 2025, según investigadores de la Universidad de Tel Aviv que analizaron datos de la Oficina Central de Estadísticas.
Los resultados sugieren que la oleada de emigración iniciada en 2023 probablemente se mantuvo elevada el año pasado. Un estudio anterior constató que entre quienes se marchaban había una proporción especialmente alta de médicos, doctores, ingenieros, académicos y personas con altos ingresos.
La Oficina Central de Estadísticas todavía no ha publicado sus cifras oficiales de migración correspondientes a 2025. Según su metodología, se considera emigrante a quien ha permanecido fuera de Israel durante más de doce meses, lo que significa que los datos solo se publican con un retraso considerable.
Por ello, los investigadores de la Universidad de Tel Aviv examinaron el número de israelíes que abandonaron el país y permanecieron en el extranjero durante al menos tres meses. En los últimos años, esa cifra ha estado estrechamente correlacionada con el número de personas que finalmente se quedaron fuera durante al menos un año, por lo que podría servir como indicador de la cifra oficial de emigración de 2025 que publicará la Oficina.
Para evitar distorsiones provocadas por el gran número de inmigrantes procedentes de Rusia y Ucrania que llegaron a Israel tras el estallido de la guerra y posteriormente se marcharon, los investigadores excluyeron a quienes abandonaron el país en los tres años siguientes a su inmigración. Por tanto, los resultados se refieren a residentes israelíes de larga duración y no a recién llegados.
Según los datos, alrededor de 90.000 israelíes abandonaron el país durante al menos tres meses en 2025, aproximadamente la misma cifra que en 2024 y muy por encima de los cerca de 66.000 registrados en 2023. A modo de comparación, antes de 2023, el número anual de israelíes que se marchaban durante al menos tres meses era de unos 60.000.
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El estudio fue realizado por el profesor Itai Ater, de la Coller School of Management de la Universidad de Tel Aviv, quien dirige el Foro Israelí de Economistas por la Democracia; el profesor Nittai Bergman, director de la Escuela de Economía de la universidad; y Doron Zamir, doctorando de la Escuela de Administración.
«En 2025 volvemos a ver cifras profundamente preocupantes de israelíes que abandonaron el país durante un período significativo, sumándose a la oleada de emigración de 2023 y 2024», declaró Ater. «Estas cifras todavía no constituyen, por sí solas, una amenaza para la resiliencia de Israel. Pero, de cara al futuro, y si no se produce un cambio, crece la preocupación de que la emigración desde Israel aumente hasta un nivel que ponga en peligro la seguridad y la economía del país».
Nati Tucker, Haaretz
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