Un nombre anodino, pero con enorme alcance: BRIAR (Biometric Recognition and Identification at Altitude and Range) es el programa de vigilancia más reciente de los servicios secretos americanos. Lanzado oficialmente en 2021, promete nada menos que identificar con precisión a personas a cientos de metros de distancia o desde drones desde el rostro, la forma del cuerpo o incluso la marcha.
El programa tiene una duración de 48 meses y cuenta con el apoyo de la agencia de investigación estadounidense IARPA. El objetivo es desarrollar un software capaz de registrar características biométricas incluso en condiciones difíciles, como turbulencias o ángulos de visión elevados. En otras palabras: no más punto de fuga, no más masa que ofrezca anonimato.
Stos Papadakis, director del programa BRIAR, explica abiertamente el enfoque: seguridad fronteriza, antiterrorismo y protección de infraestructuras críticas. Pero si se presta atención, se comprende que este sistema debe conectarse en todas partes —a los sistemas de cámaras existentes y futuros—, desde aeropuertos hasta redes de seguridad urbana. BRIAR se convierte así en una herramienta universal para el control biométrico total.
La aspiración de reconocer a las personas a distancia "mejor que los expertos" es particularmente explosiva. Mediante el aprendizaje automático, el rostro, el cuerpo y la forma de andar se compararán y procesarán automáticamente en un análisis combinado sin examen humano. El software elige de forma autónoma el mejor método de identificación y genera un resultado. Esto suena efectivo, pero al mismo tiempo, supone un paso hacia la producción totalmente automatizada de sospechas.
El contexto también es crítico: en estos tiempos de creciente tensión, el gobierno estadounidense apuesta por la integración fluida de la infraestructura civil con las aplicaciones militares y de inteligencia mediante BRIAR. Precisamente bajo el lema de la "protección" se está estableciendo una tecnología capaz de registrar los movimientos, comportamientos y datos corporales de poblaciones enteras.
Los defensores de la privacidad advierten que lo que hoy se justifica con la lucha contra el terrorismo podría usarse mañana para reprimir la oposición política, controlar la inmigración o ejercer vigilancia social. Porque BRIAR no solo ataca a los "malos", sino a todo aquel que aparece en el campo de visión de las cámaras.
La pregunta decisiva es: ¿queremos vivir en un mundo donde simplemente caminar por la calle o estar de pie sea suficiente para que los algoritmos estatales determinen nuestra identidad?BRIAR demuestra que este futuro no está lejos, técnicamente hablando: está siendo programado.
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