Ilustración satírica inspirada en Marc Chagall: un banquete suntuoso flota sobre las ruinas de Gaza, mientras abajo figuras que representan al mundo parecen pedir perdón a Israel.
Si en Israel se oyen plegarias penitenciales en este Día de la Expiación, entonces no hemos aprendido nada de la guerra de Yom Kipur de 1973. La idea equivocada de que Israel es capaz de pecar sigue profundamente arraigada
Ilustración satírica inspirada en Marc Chagall: un banquete suntuoso flota sobre las ruinas de Gaza, mientras abajo figuras que representan al mundo parecen pedir perdón a Israel.
Este año, Yom Kipur debería ser cancelado, probablemente para siempre. Israel ya está más allá del bien y del mal. Los judíos son incapaces de pecar, sencillamente porque todo lo que hacen es siempre justo, moral, legal e incluso sublime. También debe cancelarse el ayuno: este año comeremos como reyes, porque nos lo merecemos.
Que ayunen los gentiles. Se lo merecen. Que ayune Dios. Él también se lo merece, después de todo lo que nos ha hecho. Que ayunen los miles de detenidos palestinos que pasan hambre, no los judíos, que nunca han hecho daño a nadie. El ayuno les corresponde a los dos millones de refugiados de guerra de Gaza. Ellos merecen ayunar, no nosotros. Nosotros solo merecemos cosas buenas y no tenemos nada por lo que pedir disculpas. Fuimos y seguimos siendo un pueblo elegido, una villa en la jungla. Una nación de leones nunca tiene que disculparse.
Si esta noche se oyen en Israel las selijot (plegarias penitenciales), sabremos que Israel no ha aprendido nada desde la guerra de Yom Kipur de 1973: la idea errónea de que Israel es siquiera capaz de pecar sigue profundamente arraigada.
En esta víspera de Yom Kipur, el mundo entero debería pedir disculpas a Israel. Los palestinos deberían pedir perdón por todo lo que han hecho a los judíos desde los albores del sionismo. Por haber intentado resistirse al establecimiento de un Estado extranjero en su tierra, por seguir atreviéndose a quejarse de la Nakba y por haber tratado desde entonces de resistir al proyecto sionista que busca la supremacía judía para siempre entre el río y el mar.
¿Cómo se atreven a resistirse a vivir en la jaula de Gaza y Cisjordania? Son ellos quienes deberían pedir perdón. Por resistirse a la ocupación, deberían buscar expiación en las mezquitas; volverse hacia su Dios y decir: «Perdónanos, Padre nuestro, porque hemos pecado; absuélvenos, Rey nuestro, porque hemos transgredido».
Todas las demás naciones del mundo también deberían pedir disculpas a Israel. Los británicos deberían disculparse por la Declaración Balfour y por las sanciones que pretenden imponer a la empresa más justa, legal y moral del mundo: la empresa de colonización. Y con ellos, todos los países europeos que desean seguir su camino. Perdón, colonos.
En USA, la gente debería reunirse esta noche para pedir disculpas masivamente a Israel, porque el 67 % de los usamericanos ha cambiado a peor su opinión sobre él y el 55 % ha considerado revisar el continuo vertido de enormes fortunas sobre Israel. Todo aquel que se haya atrevido alguna vez a criticar a Israel debería disculparse. ¿Por qué exactamente? ¿De qué se puede acusar a Israel? Todas las personas de conciencia del mundo que no pudieron guardar silencio ante la masacre de mil bebés y 20.000 niños deben pedir disculpas a Israel antes de que se cierre la puerta.
Los 9.000 detenidos palestinos encarcelados en Israel, la mayoría sin juicio, también deben disculparse esta noche por ocupar tanto espacio y consumir semejantes cantidades de comida y medicinas. Disculpas también a los matones de las granjas por los palestinos que se atreven a interponerse en su camino en sus propias tierras.
Y unas grandes disculpas a los soldados del ejército israelí. Los soldados del Ejército de Salvación israelí son quienes merecen escuchar las mayores disculpas esta noche. Disculpas por quienes se atrevieron a cuestionar la moralidad de un ejército que mató a casi 100.000 personas. Disculpas a los soldados que mataron a 200 personas por un solo buscado como «daños colaterales». Disculpas a los pilotos que lanzaron bombas de una tonelada sobre campamentos de tiendas y se sintieron tan ofendidos cuando alguien se atrevió a llamarlos asesinos de niños. Cómo se atrevió la gente en Israel y en todo el mundo a cuestionar la pureza de corazón y de intenciones de nuestros puros pilotos y soldados.
Disculpas a los fascistas israelíes por haber sido llamados así sin motivo alguno. «Y para los calumniadores, que no haya esperanza» (plegaria de Ne’ilá): disculpas a quienes ahora incitan a un linchamiento contra los creadores de los «daños colaterales». Rachel Szor y Yuval Abraham deben disculparse esta noche por haberse atrevido a decir la verdad.
«Hemos obrado con falsedad, hemos dado malos consejos, hemos mentido, nos hemos rebelado, hemos provocado... hemos transgredido». Nosotros, en Israel y en todo el mundo, todos los que nos atrevimos a poner en duda al Estado judío y a su sociedad ejemplar, debemos formular esta noche una gran disculpa. Nosotros, y nadie más.
Gideon Levy, Haaretz,
/image%2F1488937%2F20260921%2Fob_e4a55d_42e008c0-e17b-459b-b26b-093b5cd33496-1.png)