El políticamente correcto obliga a los gobiernos europeos a «tomar medidas» contra Israel ahora, imponiendo sanciones a un puñado de líderes de colonos como Daniella Weiss y Meir Deutsch, el director de la ONG de colonos Regavim.
Europa ama a Israel e Israel ama a Europa. Esta determinación parece ridícula, pero el panorama es más complejo que la afirmación generalizada de que Israel es un Estado paria.
Un Estado paria no es bienvenido en el Festival de Eurovisión. La mayoría de los gobiernos europeos quieren amar a Israel, y la mayoría de los israelíes aman a Europa.
La opinión pública europea con respecto a Israel también es ambivalente: algunas personas quieren seguir queriendo a Israel pero no pueden soportar sus horribles acciones; el resultado es que el odio (justificado) hacia Israel está alcanzando niveles sin precedentes.
El políticamente correcto también obliga a los gobiernos europeos a «tomar medidas» contra Israel ahora. ¿Qué medidas toma la Europa clásica? Sanciones contra un puñado de colonos.
La semana pasada, el Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea acordó imponer sanciones a unos pocos colonos y sus organizaciones. ¡Santo cielo! Incluso el ex director ejecutivo de Hashomer Yosh fue objetivo. Daniella Weiss, la líder del Movimiento de colonización Nahala, no podrá visitar los Campos Elíseos; Meir Deutsch, director de Regavim, no podrá asistir a conciertos de Coldplay; los activos de Nahala serán congelados – y el cielo se desplomará sobre la empresa de colonias.
Estas «duras» medidas no se obtuvieron fácilmente: durante más de un año, la UE perdió el tiempo, con su típica seriedad, y no logró un consenso debido al veto de Hungría. La derrota de Viktor Orbán en las recientes elecciones borró la última excusa de Europa, permitiéndole lograr una catártica autocomplacencia en forma de unas endebles minisanciones.
Solo se puede reír, pero no hay nada gracioso aquí. Después de dos años y medio de una guerra genocida en Gaza que aún no ha terminado y pogromos diarios contra los indefensos residentes de Cisjordania: sanciones de plástico.
Esta es la contribución de Europa a la humanidad y sus valores. Esta es su respuesta a la opinión pública: sanciones contra Regavim. Como si habláramos de unas pocas organizaciones de colonos rebeldes y no de un Estado entero que está detrás de ellas, activa y pasivamente. Como si no habláramos de un gobierno cuyas políticas son aplicadas por colonos y un ejército que obedece sus órdenes.
Con «sanciones» como estas, hubiera sido mejor que Europa no hubiera hecho nada. Recuerda, Europa, cómo te comportaste inmediatamente después de la invasión rusa de Crimea. No castigaste a tres oficiales sino a una superpotencia entera, y en cuestión de semanas.
Mira cómo has tratado a Rusia desde entonces, cómo trataste a Sudáfrica en su momento: hiciste lo que se espera de alguien que aprecia el derecho internacional y los valores morales.
Pero Israel, oh, ese es un caso especial. Es tan «especial» que los sentimientos de culpa histórica que Israel ha estado ordeñando cínicamente hasta el agotamiento están paralizando al continente.
Alemania debería haber liderado el campo punitivo, guiándolo como una columna de fuego. Sí, Alemania, que perpetró los crímenes más horribles de la historia y conoce mejor que cualquier otro país las señales de advertencia tempranas. No solo por los palestinos, sino por los descendientes de sus víctimas judías. Pero Alemania tiene miedo de ser acusada de antisemitismo.
A la mayor parte de la derecha europea le gusta la cruel política de Israel contra los musulmanes, que «contaminan» sus países también, según sus palabras. La izquierda moderada, como la izquierda moderada en todas partes, tartamudea y está aprensiva. La tormenta de protestas contra Israel es amplia y auténtica, pero los gobiernos aún logran reprimirlas.
Así como a Europa le preocupa que la etiqueten de antisemita, también le teme a USA. Hasta que este último cambie su enfoque hacia Israel – y el cambio está cerca – Europa no se atreverá a cambiar. Solo cuando llegue la señal desde Washington se aflojarán las bridas.
Esto no será necesariamente una mala noticia para Israel. Es cierto que el odio popular hacia Israel en Europa ha alcanzado niveles insanos, a menudo desproporcionados, pero Israel ha hecho todo para provocar esto.
Etiquetas de precio que cada israelí sentirá personalmente se adjuntarán finalmente al genocidio en la Franja de Gaza y los pogromos en Cisjordania. Solo entonces, quizás, se producirá una revolución.
Gideon Levy
Traducido por Tlaxcala
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