Las ballenas azules han dejado de cantar
porque el kril está desapareciendo,
porque los océanos se están calentando,
porque estamos gobernados por mentirosos de dientes largos
cuyo interior está lleno de hojas muertas.
Las grandes ballenas se han quedado en silencio
y mi pájaro se ha quedado ciego
y hay chatbots en el sótano
y cadáveres en el maíz.
Bajo el paso elevado todo está seco y tranquilo.
Nunca imaginarías que todo se está muriendo.
Deberías venir a visitarme.
Encuéntrame allí, bajo las farolas sepia,
con los pervertidos del estrangulamiento por pornografía y el fentanilo caídos,
todas las extracciones de tejido cicatricial
de los mortinatos de los restos de un útero desterrado,
las ciudades industriales atadas por el TLCAN llenas de edificios desiertos
y las ciudades de metanfetamina con ventanas gruñendo llenas de gente desierta,
donde los gritos de los palestinos huérfanos se mezclan
con los gritos del último bebé orangután
nacido en la naturaleza.
Nos vemos bajo las luces parpadeantes.
Tráeme unos cigarrillos y cuéntame una historia triste
y quedémonos despiertos junto a la autopista
viendo cómo se despeja el tráfico.
Muéstrame las manchas de tu piel
donde la vida te ha pateado
y te las besaré
y te daré una flor.
Los leviatanes se han callado
y las turbinas se están volviendo ruidosas,
y todo se ha vuelto tan extraño.
Así que siéntate conmigo en esta acera
bajo mi ala de arpillera
y riamos
y sanemos
y conmemoremos la belleza
hasta el amanecer.
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