Informamos sobre nueve pacientes no vacunados que recibieron transfusiones de sangre y que sufrieron complicaciones graves, como coágulos sanguíneos, daño cardíaco, insuficiencia multiorgánica y muerte.
Un estudio científico en dos partes, publicado recientemente, genera gran preocupación sobre un tema que ha recibido muy poca atención: ¿Qué sucede cuando se transfunde sangre de donantes vacunados contra el COVID-19 a otra persona?
Los bancos de sangre analizan sistemáticamente las donaciones para detectar amenazas infecciosas conocidas. Sin embargo, el suministro actual de sangre no se analiza de forma rutinaria para detectar ARNm derivado de vacunas, proteína espiga, ADN plasmídico, amiloide, complejos de microcoágulos de fibrina u otros componentes relevantes asociados a las vacunas.
Nuestra serie de dos partes, recientemente publicada, investiga este punto ciego desde dos perspectivas complementarias. Los autores de los dos estudios son James A. Thorp, MD; Claire Rogers, MSPAS, PA-C; R. Clinton Ohlers, PhD; M. Nathaniel Mead, PhD; Nicolas Hulscher, MPH (yo mismo); Kirstin Cosgrove, CCRA; Sierra Hamm, RN; David Speicher, PhD; y Steven Hatfill, MD, M Med.
Parte I: Complicaciones graves posteriores a la transfusión en nueve pacientes no vacunados
La primera parte presenta una serie de casos retrospectiva, con el fin de generar hipótesis, de nueve personas que no habían recibido la vacuna contra el COVID-19 y que posteriormente sufrieron incidentes médicos graves tras recibir transfusiones de sangre.
Entre las complicaciones notificadas se incluyen la enfermedad tromboembólica, los trastornos progresivos de la coagulación, la miocarditis, la enfermedad pericárdica, la coagulación intravascular diseminada, la insuficiencia multiorgánica y la muerte.
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Llegamos a la conclusión de que estos casos, junto con la literatura existente, suscitan suficiente preocupación como para justificar una investigación directa sobre si pueden estar presentes en la sangre donada componentes biológicamente activos derivados de las vacunas:
Este estudio sugiere que la sangre donada por personas vacunadas contra el COVID-19 podría contener componentes biológicamente activos derivados de la vacuna que podrían causar resultados clínicos adversos. Los informes de casos y los estudios citados plantean interrogantes que justifican una mayor investigación. En varios estudios se ha detectado la circulación de todos los componentes patógenos de la vacuna contra el COVID-19 o sus subproductos en la sangre de donantes vacunados. Los profesionales sanitarios deben respetar los principios éticos de autonomía del paciente y no maleficencia, y apoyar las solicitudes de los pacientes de sangre autóloga y de donantes designados. Se debería considerar la realización de pruebas de detección de la presencia de proteína S (espiga), amiloide, complejos de fibrina-microcoágulo, ARNm derivado de la vacuna y ADN plasmídico mediante ensayos cuantitativos y métodos basados en PCR en las donaciones de sangre, para su posterior evaluación por parte de las autoridades sanitarias y reguladoras pertinentes, incluidos los CDC y la FDA.
Parte II: Señales extraordinarias de seguridad relacionadas con la sangre, la coagulación y el sistema neurológico
La segunda parte amplía la investigación al Sistema de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas de los CDC/FDA, analizando los informes desde el 1 de enero de 1990 hasta el 26 de junio de 2026 y comparando las vacunas contra el COVID-19 con las vacunas contra la gripe, las vacunas que contienen DPT y todas las vacunas no relacionadas con la COVID-19 combinadas.
El análisis identificó señales de seguridad estadísticamente significativas en todos los criterios de valoración investigados, incluidos índices de tasas notificados que alcanzan:
Hemorragia: hasta 101 veces.
Hemorragia durante el embarazo: hasta 108 veces.
Transfusión de sangre: hasta 62 veces.
Complicaciones postransfusionales: hasta 30 veces.
Biomarcadores de hipercoagulabilidad: hasta 452 veces.
Eventos trombóticos: hasta 1221 veces.
Enfermedad de Parkinson: hasta 282 veces.
Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob: hasta 1333 veces.
Enfermedad priónica: 60 veces.
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Estas señales son particularmente importantes porque se superponen con muchos de los mismos patrones clínicos observados en la Parte I, incluyendo trombosis, hemorragia, CID y disfunción multiorgánica.
La Parte I identifica una serie de eventos graves posteriores a la transfusión que requieren investigación. La Parte II identifica señales de farmacovigilancia relevantes que involucran muchos de los mismos sistemas biológicos, en particular la coagulación, la hemorragia, las complicaciones transfusionales y la disfunción multiorgánica.
Para preservar la integridad del suministro mundial de sangre, los marcos regulatorios deberían avanzar rápidamente para implementar la detección cuantitativa directa de la proteína de la espícula y las pruebas de PCR digital de alta sensibilidad para el material genético derivado de la vacuna en todas las redes de donantes, al tiempo que se investiga si estos componentes permanecen biológicamente activos después de la donación, el almacenamiento, el procesamiento y la transfusión.
Nicolas Hulscher, MPH
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