Los centros de datos "se han convertido en un símbolo del odio hacia la IA y de la concentración y acumulación de riqueza que está generando".
No cabe duda de que la opinión pública en general se ha vuelto seriamente en contra de la IA.
En Estados Unidos, una encuesta de YouGov reveló que tres cuartas partes de los estadounidenses creen que la IA debería estar más regulada, una preocupación compartida por todos los partidos políticos, según observó The Economist. La población estadounidense también teme cada vez más las repercusiones económicas de la IA, especialmente a medida que las poderosas empresas tecnológicas invierten grandes sumas de dinero en las elecciones estatales y federales.
A medida que esa ira se desborda, la gente canaliza cada vez más su frustración hacia los centros de datos, uno de los pocos puntos de presión tangibles que la gente común tiene contra una industria tecnológica de billones de dólares que, de otro modo, sería intocable.
Los multimillonarios tecnológicos del mundo están tomando nota, creando complejos en islas remotas y flotas de jets privados en caso de revolución. Mark Cuban, quien amasó su inmensa fortuna durante el auge de las puntocom y ha tenido enfrentamientos públicos con el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, ahora advierte a sus colegas magnates que el descontento público es mucho más profundo que la inteligencia artificial.
Según informó Fortune, Cuban tuiteó que “es hora de que todos se den cuenta de que la lucha contra los centros de datos no tiene nada que ver con los centros de datos en sí. Se han convertido en un símbolo del odio hacia la IA y la concentración y acumulación de riqueza que esta genera”.
Queda por ver si al público realmente le preocupan tan poco los altísimos precios de la electricidad, la escasez de agua y la contaminación como lo presenta Cuban, pero al menos, la clase multimillonaria parece estar prestando cierto grado de atención.
Evidentemente temeroso de que el rechazo a la IA pudiera desembocar en una especie de revuelta socialista, el multimillonario ofreció una larga lista de medidas que la industria tecnológica podría implementar para apaciguar al público, aparentemente poco perspicaz. Entre ellas se incluyen donar miles de millones de dólares a pueblos y ciudades pequeñas, tender puentes con artistas y sindicatos creativos, e ignorar la tentación de contratar a famosos para que apoyen la IA.
“Si no les haces la pelota a las personas que van a trabajar todos los días y que simplemente intentan pagar sus cuentas, te quedarás muy, muy lejos de la capacidad que necesitas para que tu negocio funcione”, escribió Cuban.
Joe Wilkins
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