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Le blog de Contra información


Los centros de datos entran en acción

Publié par Contra información sur 17 Juillet 2026, 10:34am

Los centros de datos entran en acción

La infraestructura de inteligencia artificial está convirtiendo a Asia Occidental en la primera línea de la rivalidad entre grandes potencias.

Durante décadas, las guerras en Asia Occidental giraron en torno a objetivos estratégicos bien conocidos: bases aéreas, instalaciones navales, terminales petroleras y los puntos estratégicos marítimos por donde transitaba gran parte del suministro energético mundial. Los planificadores militares comprendieron que el control sobre estos activos determinaba el equilibrio de poder regional.

La reciente guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán pone de manifiesto la incorporación de otra capa de infraestructura a esa ecuación.

Mientras los misiles surcaban los cielos en múltiples frentes, la atención se centraba en las defensas aéreas, las represalias y el riesgo de escalada. Sin embargo, bajo el campo de batalla visible, otra contienda estratégica se hacía cada vez más evidente. 

Donde la infraestructura se vuelve estratégica

Los gobiernos, los sistemas financieros, los servicios de inteligencia y las fuerzas armadas modernas dependen ahora de una red invisible de infraestructura digital que procesa enormes volúmenes de datos y que cada vez más da soporte a la inteligencia artificial (IA).

Los centros de datos —esos edificios discretos repletos de servidores que la mayoría de la gente apenas nota— están ganando terreno. Hasta hace poco, se los consideraba principalmente instalaciones comerciales que daban soporte a la computación en la nube y a los servicios digitales

En la actualidad, se están convirtiendo en infraestructuras críticas para la continuidad económica, la administración estatal y elementos clave en la toma de decisiones militares.

Incluso los responsables de la política energética se están adaptando a este cambio. Como señaló Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (AIE),  en 2024: «No hay IA sin energía, concretamente sin electricidad».

La IA no se basa únicamente en el software. Depende de la electricidad, los centros de datos, los semiconductores y las redes de comunicación. El control de estos sistemas tiene consecuencias estratégicas.

En el siglo XX el petróleo influyó en la geopolítica al impulsar la industria, el transporte y la guerra. Hoy en día, la capacidad computacional está adquiriendo un papel similar. Los sistemas de IA dependen de un suministro eléctrico ininterrumpido, centros de datos a hiperescala, conectividad de fibra óptica y computación de alto rendimiento. 

Este cambio está situando  a Asia Occidental en un lugar más destacado en la carrera global por la IA. La región combina recursos energéticos, riqueza soberana, inversión estatal y una posición estratégica que conecta Europa, Asia y África. La electricidad se ha convertido en un elemento fundamental para la IA, lo que refuerza el valor de las ventajas que la región ya posee.

En consecuencia, Asia Occidental se está convirtiendo rápidamente en uno de los principales escenarios donde se configurará la futura arquitectura de la infraestructura global de IA.

Una nueva contienda por la potencia informática

La IA ha abierto un nuevo frente en la competencia entre grandes potencias. Las rivalidades del pasado se centraban en las rutas marítimas, el petróleo y la capacidad industrial. La fase actual gira en torno a quién construye, financia y protege los sistemas que hacen posible la IA

Ahí es donde entran en juego los centros de datos.

Ya no se limitan a ser simples centros de datos anónimos. Contribuyen a la resiliencia económica, la capacidad tecnológica, el trabajo de inteligencia y aspectos de la seguridad nacional. La influencia ahora reside en la capacidad de almacenar, procesar y transferir datos a gran escala.

Asia Occidental se ha convertido en un punto clave para esta inversión. En comparación con Europa, la energía está más fácilmente disponible. En comparación con muchas economías en desarrollo, los estados del Golfo Pérsico pueden financiar infraestructuras a gran escala. 

La región también se ubica estratégicamente en rutas clave que conectan tres continentes. Estas condiciones han atraído a empresas tecnológicas globales, además de a gobiernos. 

Para Washington, el liderazgo en IA está ligado a su posición tecnológica más amplia. Los centros de datos, las cadenas de suministro de semiconductores, los sistemas en la nube y las alianzas digitales se integran en ese enfoque.

Asia Occidental ofrece las condiciones para la expansión de la IA.

Cuando los Emiratos Árabes Unidos crearon su nueva Autoridad de Inteligencia Artificial y Datos el mes pasado, el Primer Ministro, el Jeque Mohammed bin Rashid, declaró: "Nuestro objetivo es un gobierno más rápido, más inteligente y siempre un paso por delante, que utilice la tecnología para servir a la gente y construir un futuro mejor para la próxima generación".

En su intervención en el Diálogo Mundial de la ONU sobre la Gobernanza de la Inteligencia Artificial, celebrado este mes en Ginebra, el Ministro de Estado de los EAU para la Inteligencia Artificial, Omar Sultan al-Olama, afirmó que "la inteligencia artificial se ha convertido en mucho más que un avance tecnológico", destacando su creciente papel en la forma en que los Estados toman decisiones, prestan servicios y estructuran el desarrollo futuro.

China está siguiendo un camino diferente. En lugar de alianzas, se ha expandido mediante infraestructuras vinculadas a la Ruta de la Seda Digital. Puertos, redes de telecomunicaciones, cables de fibra óptica y proyectos de ciudades inteligentes han desempeñado un papel importante.

Se está configurando un orden global más competitivo. Durante años, el ecosistema digital se ha desarrollado principalmente en torno a empresas y estándares estadounidenses. Este dominio se ve amenazado por la expansión de la infraestructura respaldada por China en algunas zonas de Asia Occidental. 

La competencia ya no se limita a la tecnología. Se extiende a los sistemas que la sustentan. Las plataformas en la nube de las que dependen los estados, las redes de semiconductores que abastecen a la industria y los estándares de ciberseguridad que configuran las redes tienen un gran peso. El control sobre la infraestructura extiende el poder más allá del ámbito técnico.

Estas cuestiones definirán la próxima fase de la competencia geopolítica, y Asia Occidental ya no observa esa competencia desde la barrera. 

La siguiente dimensión del conflicto

El valor estratégico de los centros de datos reside en las funciones que desempeñan. Procesan flujos financieros, sustentan los servicios públicos, posibilitan las comunicaciones militares y alimentan los sistemas de inteligencia y logística. Gran parte del funcionamiento del Estado moderno pasa por ellos.

Como observó recientemente Kaveh Madani, director del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas  : “El debate público a menudo sigue tratando la IA como software, pero la IA también es infraestructura física: centros de datos, generación de electricidad, sistemas de refrigeración, redes de transmisión, chips, minerales, tierra y agua”.

En ese sentido, su función ahora se equipara a la de otras formas de infraestructura crítica.

Esto cambia la lógica del conflicto. Durante décadas, los planificadores militares buscaron debilitar a los adversarios atacando aeródromos, puertos, puentes, instalaciones petroleras y centrales eléctricas. Cada vez más, los conflictos futuros también podrían intentar  perturbar la infraestructura digital que permite el funcionamiento de gobiernos, sistemas financieros y organizaciones militares.

El objetivo no sería necesariamente la destrucción física. Podría tratarse, en cambio, de una parálisis estratégica: interrumpir la capacidad computacional de la que dependen cada vez más los estados modernos.

La reciente guerra ofreció un primer indicio de esta transformación. Si bien los misiles acapararon los titulares internacionales, el enfrentamiento también puso de manifiesto la profunda dependencia de las sociedades modernas de una infraestructura digital ininterrumpida. 

La IA se está integrando cada vez más en el análisis de inteligencia, la logística, los sistemas de mando y control, la ciberseguridad y la administración pública. A medida que aumenta esta dependencia, la protección de los centros de datos podría volverse tan estratégica como la protección de la infraestructura energética.

Para los estados del Golfo, esto plantea un nuevo dilema estratégico. Los mismos países que aspiran a convertirse en centros globales de inversión en IA también deben prepararse para defender la infraestructura que hace posibles esas ambiciones. Construir centros de datos a hiperescala es solo el primer desafío; garantizar su resiliencia durante las crisis geopolíticas puede resultar considerablemente más difícil.

Por lo tanto, la competencia futura irá más allá de los incentivos a la inversión y las alianzas tecnológicas. Cada vez más, abarcará la ciberseguridad, la protección física, la resiliencia energética, la seguridad de la cadena de suministro y la estabilidad regional. La economía de la IA ya no puede separarse de la geopolítica de la seguridad.

El momento estratégico de Asia Occidental

Analizar la situación únicamente desde la perspectiva de la rivalidad entre Estados Unidos y China subestima el papel de los actores regionales. A diferencia de los cambios tecnológicos anteriores, los Estados de Asia Occidental no son receptores pasivos; intentan influir en los resultados.

Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Turquía e Irán  reconocen que la infraestructura de IA representa mucho más que una simple modernización tecnológica. Se está convirtiendo en un activo estratégico capaz de generar diversificación económica, influencia geopolítica y soberanía tecnológica a largo plazo.

Este cambio abre la puerta a un papel diferente. En lugar de seguir siendo exportadores de energía, los estados regionales se están posicionando como productores de capacidad computacional. Esta ambición depende de la inversión, pero también del desarrollo de la experiencia local, el fortalecimiento de la capacidad de investigación y la protección de la infraestructura a largo plazo

Lo que importa es cómo se configura el sistema en general y quién ejerce influencia dentro del mismo.

Una nueva geografía del poder

Durante gran parte del siglo pasado, la importancia de Asia Occidental se basó en los yacimientos petrolíferos, los oleoductos, los puertos y los puntos estratégicos. Si bien estos elementos siguen siendo fundamentales, ya no reflejan la situación completa. Una capa paralela, construida sobre la base de la electricidad, las redes y los sistemas informáticos, está tomando forma.

Los centros de datos forman parte de ese cambio. No como sustitutos de la infraestructura militar o energética, sino como complementos que las sustentan. Su función se sitúa en un segundo plano, pero contribuye a la capacidad estatal, la estabilidad económica y el funcionamiento militar.

La competencia en torno a la IA no se decidirá únicamente por el software. Dependerá de quién construya y proteja la infraestructura que permita el funcionamiento de esos sistemas.

En todo Asia Occidental, ese proceso ya está en marcha. La región sigue suministrando energía a la economía mundial. Además, está empezando a albergar los sistemas que sustentan un tipo de energía diferente.

Si épocas anteriores estuvieron marcadas por la competencia por el petróleo, la fase actual se orienta hacia la competencia por la computación. El resultado dependerá en parte de lo que se esté construyendo ahora y dónde.

Kamran Yeganegi

thecradle

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