El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Johann Wadephul, durante la elección de los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad. Deposit Photos
Su apoyo incondicional a Israel y la resultante hipocresía de su política exterior le ha pasado factura a Alemania en la ONU, donde fracasó estrepitosamente el miércoles en su intento de conseguir uno de los escaños no permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU.
El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Johann Wadephul, durante la elección de los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad. Deposit Photos
De nada sirvió el fuerte cabildeo desarrollado en el último momento entre los delegados por el ministro alemán de Asuntos Exteriores, el cristianodemócrata Johann Wadephul.
Los dos puestos reservados a Europa se atribuyeron a dos pequeños países, la, al menos formalmente, neutral Austria y Portugal, país éste último que goza de fuertes simpatías en África y Latinoamérica.
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Pese a ser el segundo mayor contribuyente después de Estados Unidos a la organización, Alemania no logró el mínimo de votos necesarios. Y quien anunció el resultado de la votación fue la ex ministra alemana de Exteriores Annalena Baerbock en su condición de presidenta del actual período de sesiones.
El Gobierno del ex directivo del fondo de inversiones BlackRock Friedrich Merz, y sus igualmente débiles aliados socialdemócratas, sólo puede culpar del fracaso de su candidatura a la política excesivamente comprensiva con los continuos crímenes del Estado sionista seguida por Berlín.
La fórmula que adoptó unánimemente el Bundestag cuando la canciller federal era la cristianodemócrata Angela Merkel por la cual “la seguridad de Israel es razón de Estado alemana” y que Berlín trata siempre de justificar como expiación por su responsabilidad en el Holocausto es de una hipocresía que clama al cielo.
Porque mientras apoya las sanciones más duras contra Rusia, a la que trata de aislar por todos los medios por su invasión de Ucrania, Alemania es, después de Estados Unidos, el mayor exportador de armas a Israel y ello pese a su brutal genocidio a ojos del mundo contra el pueblo palestino o su invasión igualmente ilegal del vecino Líbano.
Muchos no parecen haber olvidado tampoco que el propio Merz justificó en su día el ataque no provocado de Israel a Irán con la escandalosa declaración de que su aliado sólo estaba haciendo “el trabajo sucio por nosotros”.
Joaquín Rábago
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