Un periodista es, sobre todo, testigo de la historia. Los acontecimientos que moldean sociedades, alteran destinos políticos y redefinen el futuro son primero registrados por periodistas antes de convertirse en objeto de libros de historia. Lo que las generaciones futuras entienden como "historia" suele comenzar como un informe presentado bajo las presiones e incertidumbres del momento presente.
Por esta razón, la exactitud, la imparcialidad y la responsabilidad están entre las mayores obligaciones del periodismo. Sin embargo, quizá la cualidad más importante que puede poseer un periodista es el pensamiento crítico: la capacidad de ver la realidad tal y como es, en lugar de como la presentan quienes ostentan el poder, la opinión popular o las narrativas ideológicas.
El pensamiento crítico permite a los periodistas reconocer patrones que pueden no ser inmediatamente visibles para el público en general. El periodismo no se trata simplemente de aceptar lo que dice el mundo; Se trata de hacer preguntas que el mundo prefiere no responder. Se trata de investigar lo que queda sin decir, identificar causas subyacentes y conectar eventos aparentemente no relacionados en un panorama coherente.
Esta responsabilidad se ha vuelto cada vez más importante porque la humanidad está viviendo un periodo de profunda transformación global. Los desafíos políticos, económicos, sociales, medioambientales, tecnológicos y de seguridad convergen simultáneamente de formas sin precedentes en la historia moderna. Muchas de las crisis que enfrenta la generación actual no tienen equivalente histórico directo.
Hoy, el mundo parece estar acercándose a otra encrucijada peligrosa.
Las crecientes tensiones entre Estados Unidos e Irán, la inestabilidad más amplia en Oriente Medio, la incertidumbre en torno a la seguridad del Estrecho de Ormuz y las crecientes amenazas a las rutas globales de suministro energético conllevan el potencial de desencadenar otro gran choque para la economía mundial.
El Estrecho de Ormuz sigue siendo uno de los puntos estratégicos marítimos más estratégicos del mundo. Una parte significativa de las exportaciones mundiales de petróleo pasa por esta estrecha vía fluvial. Cualquier interrupción podría provocar un fuerte aumento de los precios de la energía, mayores costes de transporte, nuevas presiones inflacionarias y mayores dificultades económicas para países que ya luchan con la deuda y un crecimiento lento.
Si actores regionales como los hutíes de Yemen se involucran aún más en el conflicto, las interrupciones podrían extenderse más allá del Golfo Pérsico hacia el Mar Rojo, creando desafíos adicionales para la navegación global y el comercio internacional. Estos desarrollos repercutirían en economías de todo el mundo, afectando desde los precios de los alimentos hasta la producción industrial.
Sin embargo, la economía puede no ser el aspecto más aterrador de la situación actual.
La mayor preocupación es la seguridad.
La humanidad sobrevivió a dos guerras mundiales en el siglo XX. Esos conflictos causaron una destrucción inmensa, pero ocurrieron antes de la aparición de los vastos arsenales nucleares actuales. El mundo moderno posee armas capaces de destruir la civilización muchas veces.
Un error de cálculo, una escalada regional descontrolada o una decisión política imprudente podrían desencadenar una cadena de acontecimientos con consecuencias sin precedentes en la historia humana.
Tras la devastación de la Primera y Segunda Guerra Mundial, la comunidad internacional intentó establecer salvaguardas frente a futuras catástrofes. Se negociaron acuerdos de control de armas. Se reforzaron las instituciones diplomáticas. Los líderes políticos solían hablar de convivencia y contención. Los esfuerzos para fomentar el entendimiento entre pueblos y naciones eran ampliamente considerados componentes esenciales de la estabilidad global.
Muchas de esas salvaguardas parecen estar debilitándose ahora.
El simbólico "Reloj del Juicio Final", sostenido por científicos y expertos en seguridad como medida del riesgo existencial global, ahora está a 85 segundos de la medianoche.
Vijaya Dissanayake es periodista en Sri Lanka Rupavahini Corporation (SLRC), donde actualmente dirige la Unidad de Deportes. Licenciado por la Universidad de Kelaniya con un máster en Arqueología Pública, anteriormente fue Jefe de Noticias en SLRC. Además de su papel editorial, Dissanayake es un invitado habitual en un programa diario de actualidad centrado en noticias internacionales.