La actriz usamericana Gwyneth Paltrow ha sido elegida como imagen mediática de una campaña de promoción inmobiliaria de lujo en Herzliya. En el vídeo parece estar en Nueva York, antes de revelar que se trata de un anuncio de torres residenciales junto a un parque verde, que en realidad son proyectos situados en el corazón de Israel.
El mensaje es claro: existe una similitud entre dos países civilizados, USA e Israel, hasta el punto de que sería fácil confundirlos. En otras palabras, Israel es una extensión civilizada del modelo usamericano, en un intento de blanquear los crímenes israelíes y restaurar la imagen y la reputación de Israel en USA.
Lo que ha hecho Gwyneth es mucho más que una simple promoción de un proyecto inmobiliario. La actriz está cerca de la organización de mujeres sionistas en USA1. Es evidente que el objetivo es encubrir el genocidio en Gaza y los crímenes de Israel en el Líbano, pero en realidad está promoviendo el genocidio, porque el lujo y el beneficio están entre los ideales elevados que justifican toda fealdad. Los proyectos inmobiliarios se construyen sobre las tierras de una aldea palestina desposeída, al igual que los centros comerciales se levantan sobre tierras desposeídas a las poblaciones indígenas, donde estaban las tumbas de sus antepasados en California y en otros lugares de USA.
El matrimonio del sionismo con el pensamiento (y la práctica) de la élite superior de los ultrarricos del mundo es una unión o asociación natural entre el colonialismo, el racismo y el desarraigo de los desfavorecidos, porque deben ser desplazados por todos los medios, de acuerdo con la perspectiva colonialista racista. La civilización exige el desplazamiento de quienes se interponen en su camino. El genocidio israelí no es, pues, más que una necesidad para ampliar la zona de inversión, beneficio, lujo y ocio para quienes gobiernan el mundo.
Gwyneth Paltrow, a la cabeza de la campaña de embellecimiento del genocidio, no se diferencia en nada de Ivanka Trump y su marido Jared Kushner. Tanto si el proyecto está en Gaza sobre los huesos de las víctimas del genocidio, como sobre los huesos de los palestinos en las aldeas destruidas durante el establecimiento de la colonia sionista en Palestina, todo ello conduce a la realización del sueño sionista: la acumulación de riquezas y el descubrimiento de nuevas zonas de lujo y entretenimiento.
Cuando Ivanka se burla tontamente de quienes no se preocupan por la dureza de los ataques contra la vida de las personas, cuando se burla y se jacta de haber “descubierto” una isla de deslumbrante belleza en Albania, ve esta isla con los mismos ojos con los que su marido vio las playas de Gaza. No importa si la tierra codiciada está en Albania o en Palestina, porque la apropiación de la primera depende de la sumisión de un presidente que no ve ningún sentido a la soberanía y al desarrollo. En cuanto a la otra, Gaza, es una tierra ya ocupada, por lo que sus playas pertenecen a Jared y a su mujer, porque su sionismo significa que son colonos que no necesitan comprar las tierras de Gaza, mientras que el ejército israelí se ocupa de sus habitantes.
Lo repugnante de este cuadro sangriento adornado con rostros de belleza exterior pero de fondo feo es que todo ello forma parte de otro fenómeno mundial: la posesión por parte de las élites de sus lugares de ocio, porque necesitan nuevas aventuras. En cuanto a la resistencia, no es más que una fuente de molestias. En el caso de Gwyneth Paltrow, que presume de consumir verduras y hierbas de su gran jardín y de su conexión con la tierra y la naturaleza, la promoción de proyectos inmobiliarios en las tierras de los campesinos palestinos, arraigados en su tierra y desplazados por Israel, no significa nada para ella.
Cree que hace un trabajo creativo y grandioso al recoger verduras de su jardín, fingiendo estar en armonía con la naturaleza, en una falsa espiritualidad que muchos de su clase social exhiben. Romper a la gente y expulsarla de su tierra y de su vida es sólo una parte del “estilo” o la “tendencia” que encarna.
Pronto, nuestros países podrían convertirse en centros turísticos para Ivanka y en proyectos inmobiliarios cuyos anuncios se adornarán con el rostro de Gwyneth Paltrow, al que la fealdad del sionismo ha despojado de su belleza.
La actriz ganadora del Oscar en 1998, como muchos otros, considera los “valores espirituales” como un negocio lucrativo y no destaca en su papel de humanista espiritual. Por ejemplo, produce velas a las que atribuye significados espirituales que no existen en su alma, lo que llevó a los activistas de las redes sociales a invitarla a fabricar velas llamadas “genocidio”, “racismo”, “velas de fósforo” o similares.
El problema de Gwyneth Paltrow es que está tan inmersa en el comercio de los valores espirituales que no se ha dado cuenta de que Hollywood ha cambiado, y que estrellas más importantes que ella, como Susan Sarandon, Mark Ruffalo, Richard Gere y Kate Blanchett, encarnan ahora con sus palabras y sus acciones los valores humanitarios rechazando el sionismo y el genocidio, mientras que ella y algunos de los suyos viven en otro mundo.
Parece que Gwyneth Paltrow, Adam Sandler, Jerry Seinfeld y Jamie Lee Curtis no se dan cuenta de que se han convertido en una minoría. Puede que no sea la sionista más importante de Hollywood, pero se ha adelantado a ellos al encarnar una imagen repugnante que combina el gran capital, la hybris de la hegemonía usamericana y el proyecto colonialista racista de asentamiento en un solo ser. Y Gwyneth Paltrow puede enorgullecerse, y con razón, de que éste pueda ser el papel más importante de su vida, no porque sea una estrella, sino porque es su espíritu sionista. Pues incluso el sionismo, a pesar de la monstruosidad de su proyecto, no es para Kushner y sus semejantes más que un medio de enriquecimiento, beneficio y control. Por tanto, no es de extrañar que Gwyneth e Ivanka hayan surgido como las caras de esta fase.
Sinceramente, temo el día, que está cerca, en que veamos celebraciones en honor de Gwyneth y, más probablemente, de Ivanka, en capitales árabes, con banquetes, vídeos de fiestas y cánticos, y élites árabes presumiendo de fotografiarse con ellas. Esto ya ocurrió en Beirut cuando cierta élite trató a la enviada usamericana Morgan Ortagus como una reina mítica salida de las páginas de la historia, ella que se dirigió al Estado libanés en tono imperativo, ordenándole que tachara el término “resistencia” del discurso político del Estado.
La acogida hostil dispensada a quienes tratan las patrias de los pueblos como tierras de dominio público es la respuesta del pueblo albanés, que salió a la calle para rechazar la apropiación por parte de Kushner e Ivanka de una isla que forma parte de la soberanía de su país, en lugar de someterse, criminalizar la resistencia y abandonar a los habitantes de Gaza y el sur del Líbano, porque pronto nuestros países podrían convertirse en centros turísticos para Ivanka y en proyectos inmobiliarios cuyos anuncios se adornarán con el rostro de Gwyneth Paltrow, al que la fealdad del sionismo ha despojado de su belleza... dejándolo vacío, sin alma.
Lamis Andoni (Belén, 1958) es periodista, académica y comentarista política palestina. Dirigió el lanzamiento del sitio web de noticias Al Araby Al Jedid/The New Arabcomo redactora jefa en 2014. Tras iniciar su carrera en 1982, ha escrito para numerosos medios internacionales como The Guardian, The New York Times, The Washington Post o la Christian Science Monitor. Analista política de Al Jazeera, es especialista en asuntos palestinos y de Oriente Medio, y fue becaria Neiman en la Universidad de Harvard en 1993. A lo largo de su carrera, se ha distinguido por sus constantes críticas a la ocupación israelí y a los Acuerdos de Oslo, que no han hecho sino reforzarla.
Nota
1.Gwyneth desciende por vía paterna de una línea de rabinos polacos, los Paltrowitz o Paltrowicz (Nóvgorod y Cracovia). La madre de su más reciente marido, Brad Falchuk, Nancy, fue presidenta de Hadassah: American Women’s Zionist Organization de 2007 a 2011. [N.d.T.]
Lamis Andoni, Al Araby Al Jedid, 14 de junio de 2026
Traducido por Tlaxcala
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