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Le blog de Contra información


Palantir y el Nuevo Orden: el neoliberalismo ha muerto. Dile hola al tecnoseñorío

Publié par Contra información sur 26 Avril 2026, 16:51pm

Palantir y el Nuevo Orden: el neoliberalismo ha muerto. Dile hola al tecnoseñorío

Una nueva forma de capital está ascendiendo: el capital en la nube — máquinas algorítmicas en red que otorgan a sus dueños poderes notables para modificar nuestra conducta. Y así como los financieros necesitaban el neoliberalismo, los señores de la tecnología de hoy necesitan una nueva ideología para legitimar su dominio. Yo la llamo techlordism [tecnoseñorí].

Durante medio siglo, el neoliberalismo fue el credo indiscutido de la élite global. Nacido de las cenizas de Bretton Woods, santificó la emancipación del capital financiero de las ataduras regulatorias del New Deal. Su genio no fue la originalidad sino la actitud.

A diferencia de Adam Smith o John Stuart Mill — quienes se preocupaban por el momento preciso en que los mercados podían fallar — los neoliberales declararon al mercado infalible. Incluso cuando Wall Street hundió nuestras economías, insistieron en que la intervención humana solo empeoraría las cosas. Eso les venía de perlas a los financieros. Pero esa época terminó.

Una nueva forma de capital está ascendiendo: el capital en la nube — máquinas algorítmicas en red que otorgan a sus dueños poderes notables para modificar nuestra conducta. Y así como los financieros necesitaban el neoliberalismo, los señores de la tecnología de hoy necesitan una nueva ideología para legitimar su dominio. Yo la llamo tecnoseñorío.

El trabajo del neoliberalismo era proveer una cobertura ideológica y pseudocientífica para el reciclaje incesante de dólares a través de los déficits usamericanos. El trabajo del tecnoseñorío es mucho más radical: proveer la cobertura ideológica para colonizarlo todo — el esfuerzo humano, las instituciones estatales y el propio Wall Street.

Consideremos los tres frentes. Primero, el tecnoseñorío debe legitimar el reemplazo de los humanos falibles y rebeldes por el capital en la nube en todos los ámbitos, desde la medicina hasta la traducción de poesía y la crianza de niños. ¿Por qué? Porque mientras más profunda sea la penetración, mayores serán las rentas en la nube para la clase tecnofeudal.

Segundo, debe legitimar la colonización del estado — privatizar los datos públicos, conectar sistemas a la agencia tributaria y al Pentágono, como ya lo han hecho el DOGE de Elon Musk y Palantir de Peter Thiel.

Tercero, debe legitimar la colonización de Wall Street, fusionando el capital en la nube con los servicios financieros para crear unas finanzas en la nube sin trabas fuera de los mercados tradicionales.

La nueva ideología ya está aquí. El tecnoseñorío muta el transhumanismo, así como el neoliberalismo mutó el liberalismo clásico. Reemplaza al Homo Economicus neoliberal por un HumAIn amorfo — un continuo humano-IA — y sustituye el mercado divino por una nueva divinidad: el algoritmo divino, volviendo obsoletos los mercados descentralizados en favor del emparejamiento centralizado estilo Amazon.

Las repercusiones son impresionantes: vigilancia ubicua, selección automatizada de objetivos en los campos de batalla, inestabilidad macroeconómica (las rentas en la nube destruyen la demanda agregada), el fin de la democracia incluso como ideal (aplaudido por Peter Thiel), y la muerte de las universidades reemplazadas por aumentos personalizados por la IA.

Y sin embargo, la fealdad total del tecnoseñorío se ve mejor no en la teoría abstracta sino en los manifiestos tácitos de su vanguardia.

Un tuit reciente de Palantir expone con orgullo su programa señorial tecnológico [ver debajo]. Leyendo entre líneas, queda dolorosamente claro que Silicon Valley reconoce su deuda inconmensurable con la clase gobernante que rescató a los banqueros criminales mientras destruía el sustento de la mayoría de los usamericanos. De hecho, lo grita a los cuatro vientos: defenderá a esa clase gobernante hasta la muerte — literalmente — en nombre, supuestamente, de una mayoría que trata con desprecio.

Al mismo tiempo, Palantir tiene la vista puesta en diversos negocios lucrativos. Por ejemplo, le interesa la Apple Store, ansiosa por reemplazar tu iPhone con un dispositivo que elimine lo que queda de tu privacidad. Palantir no ofrece nada gratis; en cambio, crece sembrando el miedo y vendiendo una falsa sensación de seguridad. Glorifica la fuerza bruta. La ética es para ingenuos, proclama. Lo que Occidente necesita es el software asesino de Palantir.

 Se acercan los robots asesinos con IA, y la tarea de Palantir es obtener enormes beneficios construyéndolos primero y preguntando después. Los tratados internacionales que limitan este tipo de armas deben evitarse a toda costa. Todo pobre incauto sin contactos para evitar las trincheras será reclutado; así que olvídese de pagar un sueldo a los soldados estadounidenses. Todas las fuentes de ingresos deben converger en Palantir, donde los accionistas se benefician mientras los que no lo son mueren.

 Palantir trabaja sin descanso para equipar a los marines estadounidenses con robots asesinos que les arrebatan cualquier vestigio de juicio ético. En el ámbito nacional, la sociedad estadounidense debe ser completamente incapaz de debatir cualquier cuestión que limite la capacidad de Palantir para eliminar cualquier posibilidad de rechazar los objetivos de su software. Los funcionarios públicos deben ser despedidos en masa, salvo algunos aprobados por Palantir y pagados con sueldos exorbitantes por los contribuyentes.

En el ámbito político, Palantir insiste en que Donald Trump debe ser venerado por haberse entregado al servicio público. No perdonar a personas como Trump pone en riesgo nuestra integridad moral, sin mencionar la posibilidad de que surjan funcionarios que puedan restringir los poderes malévolos de Palantir. La política debe ser como la IA, desprovista de empatía humana. Quienes busquen salvar su alma en la política deben ser enviados al gulag de inmediato.

Hay quienes están demasiado ansiosos por acelerar la desaparición de Palantir, señala la compañía. Deberían reconsiderarlo, o atenerse a las consecuencias. Mientras tanto, cabe felicitar a la empresa por desarrollar armas de destrucción masiva no nucleares, dispuestas a sumar a la perspectiva de un Armagedón nuclear diversas amenazas nuevas, impulsadas por la IA, para la existencia de la humanidad.

Como empresa patriótica, Palantir se enorgullece enormemente de que ningún país en la historia haya cometido, en nombre del progreso y la libertad, tantos crímenes de guerra como Estados Unidos. Esto puede deberse, en parte, al hecho indiscutible de que Estados Unidos ofrece una libertad ilimitada a empresas como Palantir para lucrarse a costa de infligir tanto daño a la humanidad. Del mismo modo, el fascismo alemán y japonés deben resurgir con fuerza. La desnazificación fue una «corrección excesiva» por la que Europa ahora paga un alto precio. El pacifismo japonés también debe erradicarse de inmediato.

Dirigiéndose a los ciudadanos estadounidenses más sensibles, los directivos de Palantir los invocan para aplaudir a quienes monopolizan todo mediante generosos contratos gubernamentales. Lo que beneficia sus ganancias debe beneficiar a Estados Unidos. En cuanto a los multimillonarios, no deben conformarse con sus fortunas. Deben esforzarse por enriquecerse aún más, promoviendo grandes narrativas que convenzan a los pobres de usar su libertad para otorgarles más poder. Y, dicho sea de paso, añaden: «Palantir adora a Elon», especialmente su grandilocuente narrativa inspirada en el apartheid.

Eliminando aún más barreras éticas, Silicon Valley debe tener libertad para hacer en las ciudades estadounidenses lo que hizo en Gaza. Algunos políticos parecen reacios a conceder a Palantir el derecho a aniquilar todas las libertades civiles y los derechos humanos que aún existen. Ellos también deben ser silenciados. El sindicato de Epstein debe caer en el olvido, para que personas como Trump y los Clinton no se desanimen de entrar en el gobierno. El ámbito público debe estar libre de escrutinio, a menos que aparezcan subversivos como Sanders o Mamdani

Las figuras públicas banales son estupendas siempre que le den a Palantir contratos lucrativos. Las figuras públicas extravagantes que hacen lo mismo también son bienvenidas. Las masas necesitan mucho más opio, pues parecen insuficientemente ebrias para que Palantir pueda someterlas por completo sin obstáculos. Cuestionar la superstición organizada es, en este contexto, intolerable y debe terminar. Es hora de reinstaurar la jerarquía racial de Hitler, con los fundadores de Palantir y Elon en la cúspide aria.

Hay que desechar la idea de que es incorrecto juzgar a alguien por el color de su piel, su etnia o su religión. Los negros, los musulmanes, la mayoría de los asiáticos y, por supuesto, las mujeres, son seres inferiores. Los hombres occidentales se han resistido durante medio siglo a poner a estos subhumanos en su lugar en nombre de la inclusión. Fue un error. Jamás se debe permitir la entrada de subhumanos, salvo como sirvientes o proveedores de servicios sexuales, al menos hasta que Palantir y Tesla perfeccionen nuestros androides, en cuyo caso se volverán prescindibles.

Esto es tecnoseñorío. No es una exageración. Es la ideología que ya se está plasmando en códigos, contratos y misiles Tomahawk. El neoliberalismo ha muerto. Lo que viene después hará que la Gran Crisis Financiera de 2008 parezca un juego de niños. La única pregunta es si suficientes de nosotros lo reconoceremos antes de que el algoritmo divino haga imposible reconocer nada —ni a nadie— más allá de la nube.

Yanis Varoufakis es economista, líder político y autor de numerosos libros superventas, entre ellos «Tecnofeudalismo: ¿Qué acabó con el capitalismo?». Es cofundador del movimiento ciudadano DiEM25 y profesor de Economía en la Universidad de Atenas.

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