Los académicos, los medios de comunicación, los médicos: todas las instituciones establecidas utilizan la jerga para dominar. Como los proxenetas con sus prostitutas, crean una dependencia lingüística. Si no entiendes su lenguaje, estás fuera. Es exactamente lo que quieren.
INTRODUCCIÓN
Académicos, inteligencia artificial, medios de comunicación, médicos: todos estos grupos, agrupados y moldeados en sus respectivos receptáculos, se protegen y se identifican mediante el uso de jerga. Ah, y olvidaba a los proxenetas cuando hablan con sus prostitutas. Pero mezclar académicos con proxenetas es políticamente incorrecto, aunque cada uno predica desde su propia perspectiva. Estos cuerpos, incluso infectados y huecos, matan a la ciudadanía.
I. EL PROXENETA Y SU LENGUAJE
El proxeneta no le habla con normalidad a su prostituta. Usa un lenguaje codificado: «venderse», «la guita», «la zona», «el cabrito». ¿Por qué? Para no ser entendido. Para crear una dependencia lingüística. Ella entra en su mundo, adopta su vocabulario, piensa con sus palabras. Queda capturada.
Es dominación pura. El lenguaje no está ahí para comunicarse. Está ahí para identificar quién está dentro y quién está fuera, quién domina los códigos y quién los sufre.
II. LOS ACADÉMICOS HACEN EXACTAMENTE LO MISMO
¿Por qué el académico escribe «paradigma epistemológico» en lugar de «forma de pensar»? ¿Por qué el médico dice «dispepsia» en lugar de «dolor de estómago»? ¿Por qué la IA habla de «aprendizaje profundo» en lugar de «el ordenador aprende»?
Mismo mecanismo que el proxeneta.
La jerga crea una frontera. Dice: «Si no entiendes, no eres uno de los nuestros». Protege el territorio. Justifica la existencia del cuerpo constituido. Si todo el mundo entendiera, ¿para qué servirían?
El académico, el médico, el tecnócrata, el proxeneta: todos matan la ciudadanía matando la lengua común.
III. BOURDIEU VOLTEADO: EL HÁBITUS COPLANIFICADO
Bourdieu habla de habitus como reproducción social inconsciente. El obrero reproduce los gestos de su padre, el intelectual reproduce las posturas de su clase. Es innato, interiorizado.
Falso. O más bien: incompleto.
El habitus no se reproduce simplemente. Es coplanificado por cualquier institución. El estado, la universidad, el hospital, la empresa, los medios de comunicación: todos fabrican el habitus que necesitan. Producen el tipo de humano que los perpetúa.
El académico produce estudiantes que hablan como él. El médico produce pacientes que no entienden nada pero obedecen. El proxeneta produce prostitutas que piensan con su vocabulario.
No es reproducción. Es fabricación.
IV. LA PAREJA ORGULLO-MEDIOCRIDAD COMO PROYECTO INSTITUCIONAL
He aquí el proyecto: toda institución fabrica un habitus donde el orgullo se une a la mediocridad.
- El académico es orgulloso de su jerga, mediocre en su pensamiento.
- El médico es orgulloso de su saber, mediocre en su escucha.
- El tecnócrata es orgulloso de su posición, mediocre en su acción.
- La caballa es orgullosa de su control, mediocre en su humanidad.
Orgullo + mediocridad = la fórmula perfecta para matar a la ciudadanía.
El ciudadano, por su parte, no tiene ni el orgullo (no se cree superior) ni la mediocridad (piensa por sí mismo). Por eso todas las instituciones lo combaten.
V. BREL: LA POBREZA OCCIDENTAL
Brel no es un filósofo, gracias a Dios. Es un digestivo para después de una comida que proviene de la sociedad. Pero Brel captó lo que los académicos nunca entendieron: Occidente ha creado una nueva forma de pobreza.
«Los engreídos» - esos son los pobres de Occidente. No pobres de dinero. Pobres de existencia. Tienen todo y no son nada.
El orgullo les dice que son superiores. La mediocridad les impide ser nada. Viven en la jerga, en el código, en la institución. No viven.
CONCLUSIÓN
¿Para qué simplificarlo cuando se puede complicar?
Porque si fuera sencillo, lo entenderías. Y si lo entendieras, verías que están desnudos. El académico sin su jerga, el médico sin su latín, el tecnócrata sin sus acrónimos, el proxeneta sin su jerga: todos se hacen visibles en su mediocridad.
Entonces complican. No para pensar mejor. Para que no pienses en absoluto.
La jerga no es una herramienta de comunicación. Es un arma de dominación. Y a menos que hables su idioma, estás fuera. Es exactamente lo que quieren.
Ilyes BELLAGHA