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26 novembre 2016 6 26 /11 /novembre /2016 08:09
Rezando por la libertad: ¿por qué silencia Israel la llamada a la oración en Jerusalén?

De pequeño, siempre me tranquilizaba el sonido del ‘Muadhin’ haciendo el llamado a la oración en la mezquita principal de nuestro campo de refugiados en Gaza.

Cuando oía la llamada por la mañana temprano, que anunciaba con una melódica voz que se acercaba la hora del rezo del ‘Fajr’ (amanecer), sabía que era seguro irse a dormir.

Por supuesto, la llamada a la oración en el Islam, como el tocar las campanas, tiene un profundo significado religioso, y se ha hecho cinco veces al día durante los últimos quince siglos ininterrumpidamente. Pero, en Palestina, estas tradiciones religiosas también tienen un significado simbólico profundo.

Para los refugiados de mi campamento, la llamada del amanecer significaba que el ejército israelí había abandonado el campamento, terminando sus terribles y violentas incursiones nocturnas, dejando a los refugiados o llorando por sus muertos, o heridos, o detenidos, y dando la libertad al ‘Muadhin’ de abrir las viejas y polvorientas puertas de la mezquitas y anunciar a los fieles que había llegado un nuevo día.

Era casi imposible irse a dormir durante aquellos primeros días del Primer Levantamiento Palestino, cuando el castigo colectivo a las comunidades palestinas en el territorio ocupado sobrepasó todos los límites.

Eso fue antes de que la mezquita de nuestro campamento – el campo de refugiados de Nuseirat, en la franja de Gaza – fuese allanada, junto a otras mezquitas, y de que el Imam fuese arrestado. Cuando las puertas de la mezquita fueron selladas por órdenes del ejército, la gente se subió a los tejados de sus hogares durante el toque de queda militar y anunció la llamada a la oración de todas formas.

Lo hizo incluso nuestro vecino ‘comunista’ – ¡un hombre que nos contaron que nunca había puesto un pie en una mezquita en toda su vida!

Ya no era sólo un asunto religioso, sino un acto de desafío colectivo, demostrando que ni siquiera las órdenes del ejército silenciarían la voz del pueblo.

Cuando se quiere prohibir la llamada al rezo, esto es lo que ocurre.

La llamada a la oración significada continuidad, supervivencia, renacimiento, esperanza y una capa sobre otra de significados que nunca fueron realmente comprendidos por el ejército israelí, pero siempre los temieron.

El ataque a las mezquitas nunca terminó.

Según el gobierno y los medios de comunicación, un tercio de las mezquitas de Gaza fueron destruidas durante la guerra con Israel en la franja en 2014. 73 mezquitas fueron completamente destruidas por misiles y bombas, y 205 resultaron parcialmente demolidas. Entre estas se incluye la mezquita de Al-Omari, que se remonta al año 649 d.C.

También se incluye la mezquita principal de Nuseirat, donde la llamada a la oración durante mi infancia me daba suficiente paz y tranquilidad como para irme a dormir.

Ahora, Israel está intentando prohibir la llamada a la oración en varias comunidades palestinas, empezando por la ocupada Jerusalén Oriental.

La prohibición se produjo pocas semanas después de que la organización por la cultura y la educación de la ONU, la UNESCO, aprobara dos resoluciones condenando las prácticas ilegales de Israel en la ciudad palestina ocupada.

La UNESCO demandó a Israel que detuviese estas prácticas, que violan la ley internacional e intentan alterar el status quo de una ciudad que es central para todas las religiones monoteístas.

Después de organizar una campaña – sin éxito – para contrarrestar los esfuerzos de la ONU, llegando a acusar a la organización de anti semita, los oficiales israelíes están llevando a cabo ahora medidas punitivas: castigando colectivamente a los residentes no judíos de Jerusalén por los veredictos de la UNESCO.

Esto incluye también la construcción de aún más hogares judíos ilegales, la amenaza de demoler miles de hogares árabes y, últimamente, la restricción de la llamada a la oración en varias mezquitas.

Todo comenzó el 3 de noviembre, cuando una pequeña multitud de colonos del asentamiento ilegal de Pisgat Zeev se reunieron enfrente de la residencia del alcalde israelí de Jerusalén, Nir Barakat. Demandaban que el gobierno acabara con la ‘contaminación acústica’ que emanaba de las mezquitas de la ciudad.

La ‘contaminación acústica’ – referida como tal por la mayoría de ocupadores europeos que llegaron a Palestina hace poco – se refiere a las llamadas a la oración que se llevan haciendo en la ciudad desde el año 637 d.C., cuando el califa Umar entró en la ciudad y ordenó el respeto a todos sus habitantes, sin importar sus creencias religiosas.

El alcalde israelí actuó de inmediato. Sin perder ni un segundo, soldados israelíes comenzaron a allanar mezquitas, incluyendo las de al-rahman, al Taybeh y al-Jamia en la ciudad de Jerusalén, Abu Dis. “Oficiales militares llegaron antes del amanecer para avisar a los muecines, los hombres responsables de la llamada a la oración a través de los altavoces de la mezquita, de la prohibición a los musulmanes locales de ir a los lugares de culto”, informó International Business Times, citando a Ma’an y a otros medios.

Orar cinco veces al día es el segundo de los cinco pilares principales del Islam, y la llamada al rezo es la convocatoria a los musulmanes a cumplir este deber. También es una parte esencial de la identidad intrínseca de Jerusalén, donde el sonido de las campanas y el llamado a la oración de las mezquitas se entrelazan a menudo en un recordatorio armónico de que la coexistencia es una posibilidad real.

Pero ninguna coexistencia es posible con el ejército, el gobierno y el alcalde israelí tratando a la ocupada Jerusalén como una plataforma para la venganza política y el castigo colectivo.

Prohibir la llamada a la oración no es más que un recordatorio de la dominación de Israel de la herida Ciudad Sagrada, y un mensaje de que el control de Israel excede de la existencia tangible a todas las demás esferas. La versión de Israel del colonialismo es casi sin precedentes. No sólo busca tener el control, sino también la supremacía total.

Cuando la mezquita de mi antiguo campamento de refugiados fue destruida, y poco después varios cadáveres se sacaran de debajo de los escombros para enterrarlos; los residentes del campos rezaron encima y alrededor de los escombros. Esta práctica se reprodujo en otras partes de Gaza, no sólo durante la última guerra, sino también en todas las anteriores.

En Jerusalén, cuando a los palestinos se les niega asistir a sus lugares sagrados, a menudo se reúnen detrás de los puestos de control israelíes para rezar. Esta también ha sido una práctica que lleva presente casi cincuenta años, desde que Jerusalén cayó ante el ejército israelí.

Ninguna coerción u orden judicial revertirá jamás esto.

Si bien Israel tiene el poder para detener a los imames, demoler mezquitas y prohibir la llamada a la oración; la fe palestina ha mostrado una fuerza mucho más impresionante, ya que de aluna manera, Jerusalén nunca cesó de llamar a sus fieles, y estos nunca dejaron de rezar. Por la libertad y por la paz.

Fuente: Ramzy Baroud, Middle East Monitor en Español

 

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Published by Contra información
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