Aquí, a principios de 2026, echamos un vistazo a un discurso demasiado raro, pero inflexible, que contrasta marcadamente con el silencio ensordecedor de gran parte del mundo religioso y político contemporáneo.
En este discurso, el arzobispo Viganò lanza una crítica mordaz a lo que describe como el naciente orden mundial tiránico, una coalición de ideologías, finanzas y política que, en su opinión, pretende someter a las personas a un dogma estatal total, deshumanizante y letal. Ningún nombre se salva, ningún símbolo se pasa por alto. Emmanuel Macron, George Soros, Bill Gates, los círculos de Davos, las élites transnacionales y otros aparecen como engranajes de un mismo proyecto global inhumano.
El Arzobispo va aún más allá, situando esta crisis en un marco espiritual y escatológico. Evoca la figura del Anticristo, la confusión moral generalizada y el abandono gradual de la verdad en favor de la obediencia ciega a nuevos dogmas ideológicos. Para él, esta lucha no es meramente política o social, sino ante todo espiritual.
Un discurso inquietante, radical y profundamente divisivo, pero que nadie con conciencia puede ignorar…
Según él, estamos llegando al final de una larga era de oscuridad. Un período durante el cual las personas, aturdidas por la comodidad, el miedo o la ilusión de delegar, fueron abandonando gradualmente su vigilancia. Durante demasiado tiempo, esta oscuridad se ha instalado sin resistencia real, hasta convertirse en la norma, casi invisible.
Hoy ha llegado el momento de que cada pueblo redescubra su soberanía. No una soberanía abstracta, sino la del espíritu, la de la conciencia y la de la responsabilidad. Porque al entregar nuestros poderes a otros, sin discernimiento, hemos aceptado una esclavitud gradual, hasta el punto de vivir en lo que se asemeja a una prisión a cielo abierto: vasta, cómoda a veces, pero muy real.
Basta de ceguera voluntaria. Basta de sumisión disfrazada de seguridad. Es hora de alzarnos interiormente, rechazar las mentiras impuestas como verdades y exigir pacífica pero firmemente los derechos universales que pertenecen a todo ser humano por naturaleza, y no por concesión del Estado.
Para los creyentes, el arzobispo Viganò nos recuerda que esta lucha no puede librarse sin una dimensión espiritual. Nos invita a pedir la ayuda de Dios, a redescubrir la oración, el discernimiento y la valentía, convencidos de que nada puede lograrse sin esta asistencia divina.
Considerado por sus partidarios como uno de los últimos eclesiásticos en enfrentarse abiertamente a "la Bestia", Mons. Viganò llama al despertar de las conciencias, a la resistencia interna y al rechazo de la sumisión de los pueblos bajo el pretexto de la seguridad, del progreso o del bien común.
Concluyó con un llamado a la responsabilidad personal, instando a las personas a dejar de esperar salvadores y a dejar de delegar su conciencia, y más bien a defenderse mediante la verdad, la claridad y la fidelidad a lo correcto. Según él, lo que está sucediendo trasciende a los individuos y las estructuras de poder, y nadie puede detenerlo.
Ánimo a todos.
Así sea.
Atentamente, Monseñor Carlo Maria Viganò.
Haga clic aquí para escuchar el mensaje de Mr Vigano
Phil BROQ.
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