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6 septembre 2016 2 06 /09 /septembre /2016 07:27
DECIMOQUINTO ANIVERSARIO del 11/9

El próximo 11 de septiembre coincidirá con el 15 aniversario del mayor ataque terrorista de la historia. Se gastaron ríos de tinta en argumentar sobre el tema: ¿quién lo hizo? ¿Cuáles fueron los objetivos políticos que sus organizadores perseguían?

Se trata de una disputa que no se puede reproducir aquí. Este escritor siempre ha sostenido que la década de los "secuestradores", dirigidos por Osama Bin Laden, no podían de ninguna manera, realizar un plan de este tipo. Hay abundante evidencia de que las poderosas fuerzas que intervinieron en la operación tenían vínculos con varios servicios de inteligencia, empezando por los sectores de la CIA y el FBI, para llegar al ISI paquistaní, la inteligencia saudita y a los, sin duda involucrados, del Mossad israelí. El trabajo de la "Comisión de 9/11" (que es la versión oficial) no se sostiene frente a una gran cantidad de reclamos, impulsados por los investigadores y periodistas independientes en todo el mundo. Cualquier persona que desee constatar esto lo puede encontrar en www.Consensus911.org, donde muchos de estos conflictos e inconsistencias han sido examinados en los últimos años por un grupo de especialistas de cual formo parte. La Comisión -como sabemos ahora oficialmente después de las revelaciones del ex senador demócrata Bill Graham (que fue el presidente de la Comisión del Congreso que primero se investigó el 9/11) y varios senadores y diputados americanos- se negó a examinar los documentos y pruebas de las maniobras oscuras que precedieron al ataque. Las 28 páginas del primer informe, recientemente desclasificado, revelan y documentan de manera inequívoca, que el gobierno de Arabia Saudita ayudó y financió a los "chivos expiatorios" para que puedan establecerse en los Estados Unidos. Y este hecho por sí solo (sin tomar en cuenta que el FBI y la CIA estaban -y todo está probado- al tanto de los preparativos del ataque), muestra que la Comisión 9/11 proporciono una versión falsa de todo el asunto, para cubrir a los verdaderos culpables.

A esta falsificación -ya probada- se pueden añadir decenas más. Suficientes para concluir que había intereses poderosos dentro de la elite estadounidense y los círculos gobernantes occidentales como para cubrir a los verdaderos protagonistas del ataque. Baste decir que el Fiscal emérito del Tribunal de Casación de Italia, Ferdinando Imposimato, ha dicho y escrito, en varias entrevistas, que ahora hay pruebas más que suficientes para acusar, de complicidad en la matanza, delante de un tribunal internacional, a la Administración estadounidense de George Bush y Dick Cheney. Desafortunadamente existe un tribunal de este tipo, pero no está facultado para procesar a la administración estadounidense. El hecho es que -otra pista importante- la totalidad de los medios de comunicación occidental han construido en todos estos 15 años una versión oficial totalmente falsa, hasta el ridículo, impidiendo que la verdad emergiera. Los creadores y organizadores del atentado, sus amigos y socios, tenían y tienen un control casi total de la corporación mediática mundial y, por lo tanto, fueron capaces de sacar provecho de la completa ignorancia de los hechos en la que sumergieron a cientos de millones de personas. El problema es, por lo tanto, al mismo tiempo político y de comunicación. Y es una cuestión crucial para poder resolverlo antes de que sea demasiado tarde. Los organizadores del 9/11 siguen estando no sólo "libres", sino que aún son capaces de crear un daño irreparable a la paz mundial. Se debe recordar que ellos son los ganadores: el poder de su acción ha cambiado drásticamente la historia del planeta. Después del 11/9 han iniciado una serie de sangrientas guerras (Afganistán, Irak, Libia, Siria) y han producido cambios en el sistema de normas internacionales: todo bajo el lema de la necesidad de luchar contra el "nuevo enemigo" de Occidente, el Islam fundamentalista.

DECIMOQUINTO ANIVERSARIO del 11/9

La guerra contra el terrorismo internacional, que se inició a partir de esa fecha (11/9), ha continuado durante quince años. Pero, paradójicamente, no sólo no parece producir resultados tangibles, sino que está extendiendo el caos y el desorden en todas las direcciones. A primera vista, la situación actual parece mostrar que el Imperio Norteamericano -el más poderoso y armado del mundo entero, con el apoyo de los ejércitos occidentales enmarcados en la OTAN- no es capaz de derrotar al nuevo enemigo, hecho reforzado artificialmente por "el más grande espectáculo del mundo", al que asistimos por televisión en vivo, en directo, alrededor de 3 mil millones de personas.

No creo que esta imagen de derrota sea objetiva. En cambio, los acontecimientos que estamos viendo sí parecen delinear un caos global, que se corresponde con los intereses de los mismos inventores de la "guerra contra el terrorismo internacional". Se trata de un "caos organizado", cuyo propósito principal es ocultar a los pueblos de Occidente, ahora aterrorizados, que el origen de la crisis mundial es una cuestión totalmente interna de Occidente. Que se deriva directamente del hecho que el sistema bancario mundial, creado por la globalización y que, a su vez, ha apoyado la globalización, ya no está en condiciones de resistir mucho tiempo sin que estalle en una crisis de proporciones mundiales, cien veces más grande que las que condujeron a la crisis de 1929.

El "Terrorismo islámico", que está siendo transformado día a día en una "guerra irregular" generalizada (como lo define Vladimir Putin) equivale a una gran "distracción masiva", para distraer a la opinión pública mundial, lo cual también le permite a los Estados Unidos aprovechar a los terroristas y los grupos radicales extremistas para sus propios objetivos. Las pruebas -inventadas para la ocasión directamente por fuentes oficiales occidentales para enmascarar su apoyo al terrorismo en la guerra contra Siria- han superado la teoría de que hay "terroristas moderados" enfrentados a "terroristas malos." La teoría de que los grupos afiliados a Al Qaeda fueron muy lejos, como para ser considerados como aliados potenciales en el intento de derrocar el régimen de Bashar al-Assad. Por cierto, el mismo Al Qaeda, que hace 15 años se atribuyó la autoría del gran ataque contra el World Trade Center y el Pentágono. Después de la crisis de 2008, provocada por el colapso de Lehman Brothers, ninguna receta de los centros financieros globales de poder ha sido capaz de poner en marcha la maquinaria financiera global. El dinero se ha multiplicado en forma vertiginosa, a través de la flexibilización cuantitativa practicada por todos los bancos centrales occidentales. Pero la máquinaria mundial no se puede reiniciar.

DECIMOQUINTO ANIVERSARIO del 11/9

Por el contrario, todas las previsiones (que se mantienen cuidadosamente ocultas al gran público) dicen que, hasta el año 2020 a 2025, el crecimiento del PIB mundial se mantendrá cercano a cero, lo que marca el final de las ilusiones del crecimiento económico que fueron vertidas a montones, en contra de la evidencia de los hechos, en la última década. El problema requiere una solución política rápida, ya que la financiera y económica por el momento son imposibles. La explosión sistémica sucederá en un período indefinido de tiempo, relativamente pospuesto, pero no mayor de diez años. Esto explica la fiebre (e incluso las señales de pánico) con la que Occidente está tratando de mezclar las cartas y de desestabilizar el mundo eliminando todo el sistema de reglas que habían resistido durante la Guerra Fría.

De este modo se repite el escenario que precedió a 11 de septiembre de 2001. Unos años antes, en 1998, el grupo de neoconservadores dirigido por Paul Wolfowiz, había preparado el "Proyecto para el Nuevo Siglo Americano" (PNAC, Proyecto para el Nuevo American Century). El título ya era indicativo de la locura de sus creadores: proponer que se imponga otro siglo dominado por EE.UU., en un planeta que se acerca a contar con más de 7 mil millones de seres humanos, en el cual ahora existen gigantes como China e India, era equivalente a una declaración de guerra contra el resto del mundo. Los autores neo-conservadores eran muy conscientes de la violencia que un proyecto de este tipo requeriría para ser impuesto. Sabían -y lo escribieron- que China, en 2017, se convertiría en un competidor objetivo e incontrolable con el cual lidiar. Invirtiendo los roles, la llamaron una "amenaza para la seguridad nacional de EE.UU." Y se prepararon para consolidar un diferencial estratégico militar que debería ser conformado, para siempre, por cada estado o grupo de estados que estén o como modo de estar cerca al poder del Imperio.

Que, incluso entonces, ya eran conscientes de la fragilidad del inmenso engaño financiero con el que se regía dólar. Y, de hecho, los primeros signos de recesión aparecieron justo en el año 2001. Al mismo tiempo, se trataba de imponer un cambio psicológico en la población de EE.UU. (y la de todo el Occidente, incluyendo Europa) que, ignorante de todo y corriendo tras la zanahoria del consumismo, mantenida por las corporaciones mediáticas a poca distancia de sus narices, NO estaba dispuesta a ser arrastrada a cualquier aventura. Por consiguiente, era necesario crear algo extraordinario, tremendo; algo "como un nuevo Pearl Harbor", de modo que las masas perciban un peligro enorme y amenazante, destructor potencialmente de su seguridad y bienestar.

Tal peligro exterior no existía a finales del siglo XX. Rusia -por lo que pensaban, y este fue su mayor error- ya había sido puesta fuera de juego, conquistada, colonizada culturalmente y políticamente. Ya no era el "enemigo rojo" que había afligido a la elite estadounidense durante la Guerra Fría. Por lo que Rusia no podía ser incluida en el grupo de competidores. El muro de Berlín había caído. Como escribió con sarcasmo Gore Vidal, "cuando los rusos fueron apuñalados por la espalda tras el abandono de su imperio en 1991, nos quedamos con muchas ideas equivocadas sobre nosotros y, lo que es peor, sobre el resto del mundo".

El peligro, por lo tanto, tuvo que crearse artificialmente. Y así lo hicieron. Puede parecer extraño, pero lo dijo y escribió abiertamente. Baste recordar lo que él pensaba, en 1997, Zbigniew Brzezinski: "Debemos tener en cuenta que Estados Unidos es cada vez más una sociedad multicultural y, como tal, puede ser más difícil de crear un consenso sobre cuestiones de política exterior, excepto en presencia de una enorme amenaza enemiga, percibida directamente a nivel masivo ". La previsión de una China fuera de su control estaba en lo cierto. Por ello construyeron rápido un "nuevo enemigo". El Islam estaba ya preparado para ser servido en la mesa de todos los hogares del mundo como "el" enemigo. George Bush Jr. y su ministro de Defensa, Donald Rumsfeld vociferaron ante los micrófonos y las cámaras de la corporación mediática que "estaba comenzando una guerra que duraría una generación" (Rumsfeld dijo que "cincuenta").

La primera quincena de esos "cincuenta años" ya la hemos visto y vivido. Es obvio incluso para los ciegos que la situación mundial se está deteriorando. Pero Occidente se niega a tomar nota de un cambio en la correlación de fuerzas planetarias. Especialmente insoportable, para los círculos dirigentes norteamericanos, es la constatación de que Rusia ha vuelto a aparecer en la escena como protagonista.

En la previsión de los neoconservador estaba la idea de que Rusia había sido puesta fuera del juego definitivamente. Y este error de cálculo puso en cuestión todo el resto de su plan. Pensaron que, estando fuera del camino Rusia, no habría tiempo suficiente para reinventar a China como un nuevo imperio del mal, en lugar de Rusia. Pero incluso resultó errónea la predicción que, una vez inventado el "nuevo Pearl Harbor", los siete mil millones de habitantes de la Tierra se alinearían haciendo fila para comprar todo lo ofertado en los supermercados armados para ellos. Resulto equivocada también la idea que sería suficiente crear dinero de la nada para arreglar todo.

La sumatoria de errores y éxitos le permitió al Imperio mantenerse de pie -luego de una nueva guerra tras otra- durante seis años. El séptimo fue el 2008, y se necesitaron diez billones de dólares, "inventados" a toda prisa por la Reserva Federal de Alan Greenspan, para salvar de la quiebra a todos los bancos de occidente. Y -como ya se ha mencionado- los últimos ocho años han sido el reino del caos.

Es por ello que el Imperio una vez más se encuentra en la necesidad de consolidar su propio sistema de alianzas, exactamente como lo hizo a través del ataque terrorista del 9/11. En 2008, la estratagema fue la desestabilización de los "enemigos pequeños." Confiada a Barack Obama, este la realizo mediante la multiplicación de las revoluciones de colores y, sobre todo, con el uso de la "primavera árabe" para hacer tabla rasa de los regímenes, ahora inconvenientes o innecesarios, en el Oriente Medio. Y debe reconocerse que esta operación estratégica ha funcionado, pero sólo en el sentido de aumentar la desestabilización global.

Pero la presencia de Rusia, convertida nuevamente en potencia mundial, ha obligado a los neo-con a realizar un cambio de estrategia, y volver a la escena del crimen. Una vez más la prisa era el término. La crisis que se avecina y, al este, en la actualidad hay dos "enemigos", Rusia y China. No sólo el más grande, y único, "País del Centro". Solo así se explica el golpe de Estado en Ucrania, la caída de Yanukovich por la acción de las escuadras nazis y los ultranacionalistas rusofobos que han sido preparados e instruidos por largo tiempo con la ayuda de Polonia y las repúblicas bálticas.

La trampa, bien preparada, tenía que forzar a Rusia a intervenir directamente en apoyo de los rusos de Ucrania, sometidos a una verdadera limpieza étnica de nuevo tipo. Vladimir Putin no ha caído en la trampa y los rusos de Ucrania -no todos, pero una parte decisiva- han encontrado la fuerza para defenderse. Crimea ha optado por "volver a casa". Sin embargo, el resultado ha sido logrado en gran medida por el Imperio. Europa se ha puesto del lado de los Estados Unidos, han impuesto las sanciones, la onda russofobica ha investido a todo Occidente y lo ha compactado alrededor de Washington. Rusia y Putin son el verdadero "enemigo a batir". ¿Cómo? Hillary Clinton tendrá que resolver el problema. La confrontación directa está en preparación. Pero no todo el mundo en Washington es tan suicida como para pensar en ponerlo en práctica. Se están preparando para la guerra, pensando que serán capaces de poder poner de rodillas a la Rusia de Putin, como lo hicieron con la URSS de Gorbachov. Es una apuesta que podrían perder. Y Europa está en plena agitación. Ya que Europa podría romperse antes. Y aunque el Imperio está dividido internamente. Donald Trump difícilmente pueda ganar la elección, pero es una señal de que la confianza del pueblo estadounidense en sus élites está desgastada. Se puede aplicar a América Latina el dicho: "omne regnum divisum desolabitur propio ipse" (todos los reinos, cuando se dividen internamente, terminan colapsando).

IGLESIA GIULIETTO (agosto de 2016)

Fuente: giuliettochiesa.globalist.it/

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Published by Contra información
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